Parece que fue ayer cuando Howe Gelb (hoy en Giant Sand) tocaba los teclados en el disco debut de Friends Of Dean Martinez y en realidad han pasado ya diez años.
Y es que este es el décimo disco de una banda –decimoprimero si contamos la reedición de su directo que ha sido editado este año por fin en Estados Unidos- en la que ya no están ni Joel Burns ni John Convertino, ahora en Calexico, lo cual transfiere más importancia a Bill Elm y su steel guitar, que junto a Semple y Gerfers forma un trío que consigue delimitar la mezcolanza perfecta entre experimentación, psicodelia y angustia sin caer en burda pesadez (“Hidden Out Of Sight”, “Heart Of Darkness”, “Dawn”). Piezas atmosféricas dignas del mejor Ennio Morricone e incluso influencias un tanto alejadas (ese aire latino de “Dusk”) de sus desiertos habituales y sus caravanas cubiertas de arena. Algo así a cómo sonaría Brian Eno si en vez de crear música para aeropuertos lo hiciera para bares sureños en los que la diferencia entre irse para casa o suicidarse fuera una cerveza más o menos.
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