Uno podría pensar que, en el panorama de la música electrónica, solo caben la diversión, la superficialidad y el hedonismo. Marina Bolea, antigua integrante de la banda valenciana Maluks, ahora reconvertida en LA XICA, es la viva muestra de que eso no es así. Con “Alabatre”, la artista marca un antes y un después en su carrera, que ahora emprende por su cuenta.
El nuevo proyecto de Bolea lo vertebran, sobre todo, las raíces. Dándoles forma de canción con ritmos actuales y una fuerza electrónica desbordante, LA XICA construye las bases de su primer disco sobre su propia historia. Su nombre, el mote cariñoso que le puso su abuela; sus canciones, todo un homenaje al tiempo que ha visto crecer al territorio valenciano. En cada letra de “Alabatre”, el recuerdo y la identidad tienen un peso importantísimo.
Por eso, el disco bebe de forma clarísima del folklore de la zona. LA XICA fusiona con un gusto delicioso el típico cante valenciano, los ritmos de La Dansà y elementos sacros y tradicionales del imaginario del territorio con la modernidad de la música electrónica. Y lo hace con total naturalidad, sin pretensiones ni combinaciones forzadas. Esa es la clave del resultado de “Alabatre”.
Al fin y al cabo, las doce canciones del álbum no son más que un ejercicio autobiográfico colectivo: historias con las que es fácil identificarse, acompañadas de bases electrónicas y raveras que contrastan y dibujan en cada tema un mapa musical del interior de Bolea. Y hay espacio para todo: la sensualidad, la ternura, la pena o la diversión. Por eso, la inclusión de todos esos elementos identitarios de la cultura valenciana en bases electrónicas no podía ser más que una consecuencia natural.
Marina Bolea se planta como LA XICA en “Alabatre” con una voz potente, llena de una vida en la que se funden la rabia y la alegría, y lo hace al ritmo de tradición y modernidad, ofreciendo un álbum lleno de contrastes: receta extraña del éxito para quien se atreve a adoptarla.
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