Menos es más. Estas tres palabras son las responsables de que Kowloon Walled City hayan parido su mejor trabajo hasta la fecha, uno que hace honor a la ciudad que les da nombre. El sludge hermético marca de la casa se ha convertido en un poso denso en el que sumergen estructuras más abiertas (más post-algo, digamos), y buena parte de culpa la tiene la guitarra de Scott Evans, que despliega un espacio tan envolvente como asfixiante.
Y es que el imaginario lírico de Evans, lleno de una angustia de animal arrinconado, sigue aún más presente si cabe en “Grievance”, un disco que llega a convertirse en un mantra de una intensidad emocional tal que hace falta un tema central –“The Grift”- que rompa por unos minutos la hipnosis. La banda sonora, clarividente y sin atisbo de esperanza, de la deshumanización.
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