Tras su excepcional anterior LP, había muchas ganas de ver qué dirección iba a tomar Kim Gordon en su imprevisible carrera en solitario, desde que se disolvió Sonic Youth. Pues bueno, los que ansiaban una profundización en los hallazgos logrados con su álbum de 2024 están d enhorabuena. De hecho, “Play Me” es una más que digna continuación de su predecesor, con un caudal más que generoso en resultados. Así se cumple en buena parte del trayecto, como en la titular del álbum, en la que su spoken word bordea el flow rap sobre una base que suena a old school hip hop al modo Eric B & Rakim.
Las formas hip hop tornan vías más futuristas en “Black Out”, donde introduce matices auto-tune en una nebulosa rítmica que suena a versión minimalista de Run The Jewels. Dicha onda se extiende a “Nail Bitter”, “ByeBye25!”, “Post Empire” y “Dirty Tech”. Esta última es, sin duda, uno de los puntales del álbum. La ejemplificación perfecta por la cual su discurso se ha vuelto más literal que nunca para la ocasión, hecho que se extiende a la docena de canciones que conforman la media hora de duración del LP. Uno en el que pierde peso la ambigüedad y la ironía, inclinándose por una postura más directa de sus inclinaciones políticas y de su visión de los males que asolan a nuestra actual ciber sociedad.
En lo que respecto al sustrato meramente musical, en “Girl With A Look” Gordon canta de forma estremecedora a través de una hipnótica espiral sinte en bucle. Por su parte, en “No Hands”, sus fraseos sobrevuelan sobre una excitante base grime que parece producida por Fennesz.
Por su parte,“Not Today” es otro de los momentos más brillantes del álbum y, sin duda, el momento más Sonic Youth del lote. Como contrapeso a los momentos de mayor inspiración, también nos encontramos con cortes “Busy Bee” o “Square Jaw”, que suenan demasiado repetitivos, amparados por su cruda esencia experimental pero carentes de una personalidad a la altura del resto de la distopía dispuesta en gemas, incluso con tonos trap, tal que en “Subcon”.
En fin, estamos ante un trabajo que no decepciona, incluso suma puntos a su estratosférica trayectoria, pero que no aguanta el pulso con un clásico contemporáneo como “The Collective”, al cual se adhiera como hermano menor, no como un igual.
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