Pese a lo que su nombre pueda indicar, no van a encontrar en Joy la alegría, al menos no entendida como ese estado vivaz y jubiloso de excitación y regocijo que pueden provocar los temas de bandas como Los Campesinos! o La Casa Azul. Los efectos de la escucha de Joy son algo más temperados y menos inmediatos, pero probablemente se alarguen bastante más allá de los tres cuartos de hora que dura su primer largo. Paisajes en claroscuro, chelos barrocos y una furia noventera templada por la sección de cuerda son los pilares del disco debut de este trío formado por el exVenus Marc Huyghens (voz), Françoise Vidick (batería y coros) y Anha Naucler (chelo). Como el perfume del que sacaron su nombre, el pop de Joy es único, profundamente romántico y un tanto ostentoso, aunque sin perder en su ampulosidad el buen gusto. Piensen en un revolcón entre Billy Corgan y PJ Harvey en pleno siglo XVII y ya lo tienen. Y si la imagen les ha dejado un poco trastocados, siempre pueden sumergirse en “Mirage”, “Vertigone” o “Long Way Around The Sea” y olvidar lo que acaban de leer.
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