Taracá
DiscosJorge Drexler

Taracá

8 / 10
Víctor Terrazas — 17-03-2026
Género — Canción

Los humanos bailamos ante la vida, ya sea por deseo, por pena, para celebrar o despedirnos. Da igual la latitud o la época. A lo largo de la historia se han intentado regular, domesticar e incluso prohibir ciertos bailes, pero siempre terminan regresando. Esa idea atraviesa “Taracá” (Sony, 26), el nuevo disco de Jorge Drexler, y se condensa en “Ante la duda, baila”: una canción que recuerda algo simple, que nadie puede legislar contra el movimiento.

Ese impulso también atraviesa al propio cancionista. Tras el fallecimiento de su padre, Drexler vuelve a grabar en Montevideo, algo que no ocurría desde su histórico “Eco” (04). El regreso a la ciudad en la que nació, aunque tenga ecos nostálgicos, es sobre todo un reencuentro sonoro. “Taracá” recupera el pulso de los tambores y lo sitúa en el centro de un álbum orgánico donde todo termina orbitando alrededor de la madera y el cuero.

En ese territorio aparece el candombe, eje rítmico del disco y una de las tradiciones más presentes en Uruguay. En el diálogo entre los tres tambores que sostienen su arquitectura, piano, repique y chico, Drexler se acerca a un lenguaje que conoce bien. Hay recuerdos, investigación y escucha, pero el resultado es un puente entre épocas. El sonido afro-uruguayo convive con arreglos contemporáneos sin perder su carácter colectivo.

Alrededor de ese pulso aparecen otros caminos. La plena asoma en “Nuestro trabajo/Los puentes” junto a Américo Young; la balada toma forma en “Te llevo tatuada” con Young Miko, a quien Drexler incorporó tras su visita a la residencia de Bad Bunny en Puerto Rico; o la milonga se abre paso en “Cuando cantaba Morente”, donde el guitarrista Julio Cobelli se cruza con la voz de Ángeles Toledano. También aparece la catalana Meritxell Neddermann, presente en “Amar o ser amado” y en los coros de “Ante la duda, baila”.

Es en las piezas más colectivas donde el disco respira con mayor fuerza. La murga Falta y Resto aparece en “Las palabras”, mientras que las intervenciones de Ruedas de Candombe, proyecto que fusiona el candombe uruguayo con el formato participativo de las rodas de samba de Brasil,  recuerdan que la música de raíz también es comunidad. De ahí surgen dos de los momentos más inspirados del álbum: “¿Qué será que es?”, que dialoga con la canción de Gonzaguinha, y “El tambor chico”. De su estribillo, taracá, taracá, nace el título del disco: una onomatopeya rítmica que también suena a estar acá.

A veces la vida cabe en una semicorchea. Y en este disco Drexler vuelve precisamente a eso: al tambor, la palabra y el cuerpo. Tres elementos que explican algo simple: mientras haya ritmo, siempre habrá alguien dispuesto a bailar.

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