Lo reconozco, le había perdido la pista por completo a Jesse Sykes. Y, como yo, imagino que la mayoría de los pocos seguidores que tendría por aquí. Y es que catorce años sin publicar nada bajo su nombre es tiempo más que suficiente para caer en el olvido. De hecho debo reconocer que desconocía que Jesse había estado colaborando durante estos tres últimos años como vocalista de The Third Man. Proyecto del septuagenario Dave Alvin, al que los más avezados del lugar recordarán por su trabajo con The Blasters durante los primeros ochenta. Con él la cantante ha grabado tres discos de rock setentero de lo más canónico (uno de ellos en directo) que muestran a todas luces que el que tuvo retuvo y que son bastante recomendables.
Me gustaría admitir también que desconozco el motivo del porqué del silencio del proyecto de Jesse Sykes durante tanto tiempo. Ella no ha querido dar demasiado detalles sobre ello, más allá de comentar en entrevistas que, tras la publicación de “Marble Son”(11), se quedaron sin base rítmica y eso desestabilizó la continuidad de la banda. También influyó muchísimo su difícil divorcio de Phil Wandscher, guitarrista y compositor de la banda que formó parte de los Whiskeytown junto a Ryan Adams. Era sabido que ambos mantenían una relación muy complicada tal y como pudimos comprobar de primera mano los que acudimos a su concierto en la pequeña sala adjunta de El Liceo de Barcelona en lo que fue una jornada nada memorable. Un factor de desestabilización, el de la separación conyugal, que la llevó a alejarse de todo y de todos, desconectándose del mundo -reconoce que en esa época llegó a desprenderse incluso de su ordenador- para coger fuerza de cara a regresar a la actualidad algún día.
Pues bien, ese día ha llegado y ya tenemos entre nuestras manos este “Forever, I’ve Been Being Born” que ha permitido el reencuentro de la pareja a la hora de trabajar juntos para ofrecernos la cara más desconsolada, triste, melancólica, lenta y lacónica de su country-folk. Tono comatoso que se mantiene a lo largo de todo el disco y que acaba lastrándolo definitivamente, convirtiendo su escucha en algo casi militante. Y es una pena porque el álbum tiene destellos de gran calidad. Canciones como “Gentle Chaperone” junto a Marissa Nadler, “Winter’s Empty Pages” o su cierre con “A New Medium” son una buena muestra de ello. Pero la reiteración de las formas a lo largo de los cuarenta y cinco minutos del álbum, lo convierten en un hueso muy duro de roer. Unas formas basadas en el contrapunto entre el tenue y dulce fraseado de la vocalista, con los arpegios y punteos de la guitarra. Duelo que funcionaría de forma limitada y que precisaría de momentos de mayor sacudida. Algo que por ejemplo Mark Lanegan dominaba a la perfección.
Podemos decir por tanto que “Forever, I’ve Been Being Born” es un álbum que nos da la alegría de volver a recuperar una voz muy singular que sabe encandilar al oyente, pero que a la vez no acaba de convencer del todo, por carecer de una mayor dinámica y canciones donde sus integrantes se olviden de esa contención tan medida y ajustada. Un regreso que esperemos sea eso: regreso. Porque un proyecto como este no resistiría desaperecer durante una década más y porque necesita de otro disco con mayor enjundia para reafirmarse.
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