Diez años le ha llevado a Chris Flemmons sacar el tercer disco de su banda; tres álbumes en quince años se me antoja una cosecha muy magra para los estándares compulsivos actuales, sobre todo para una banda que se ha definido como de “folk borracho”, pero al propio Flemmons le parecía que sus canciones se parecían demasiado a las de cualquier banda indie, y tiró la toalla cuando lo grababa en 2005; sin entrar en perfeccionismos patológicos o mal entendidos (excusas, muchas veces), el reposo de ocho años parece haberle sentado bien, y se plasma en trece canciones hechas con el corazón (curiosa la obsesión de Flemmons por las particularidades del sistema circulatorio) que hunden sus raíces en la eterna tradición de la americana, con letras inteligentes y mordaces sobre las verdades y las incontables miserias de la existencia y el amor, y una manera lacónica y serena de cantar que recuerda al gran Vic Chesnutt, en paz descanse.
Hola me llamo Diego y la verdad que me gautsreda participar del programa,quiero darles 1techo a mis hijos y realmente necesito el dinero, ojale1 me brinden esa oportunidad para poder salir adelante.desde ya muchas gracias.