Reseñamos 'Hen’s Teeth', el octavo largo de Iron & Wine
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Reseñamos 'Hen’s Teeth', el octavo largo de Iron & Wine

8 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — 01-03-2026
Empresa — Sub Pop
Género — Indie folk

Cuestión de pellizco. No hay nada esencialmente distinto en este "Hen’s Teeth" (2026), al menos en la forma, a lo que deparaba "Light Verse" (2024). De hecho, ambos son fruto de las mismas sesiones, del mismo periodo creativo, grabados con los mismos músicos en los Waystation Studios de Laurel Canyon. Pero ya nos advierte Sam Beam que la vibra es otra. Que los géneros que lo aromatizan tienen más que ver con el jazz y el folk a la manera – impredecible, heterodoxa – en que se fundían en el "Astral Weeks" (1968) de Van Morrison que con cualquier idea preconcebida. A Iron & Wine siempre le ha sentado muy bien esos desvíos a una versión más cálida, ornamentada y luminosa, y hay algo aquí que me hace conectar mentalmente con los soberbios "Kiss Each Other Clean" (2011) o "Ghost On Ghost" (2013). Desde luego, este octavo álbum me resulta mucho más adictivo que su precuela. Tiene hechuras de sueño irreal: las gallinas no tienen dientes, por eso lo tituló así.

Desligado de la necesidad de buscar luz tras la tiniebla pandémica que marcó a su predecesor, todo aquí es más táctil y terrenal. En cierto modo, más libre. La impronta del mencionado milagro de Van Morrison, que siempre fue más un estado mental – solo al alcance de unos privilegiados – que una receta genérica, se nota especialmente en el precioso final de “Dates and Dead People”. La gloriosa “Defiance, Ohio” remite (a su manera) a ese tropicalismo que linda con la bossa y el jazz. El seductor falsete de “Singing Saw” la eleva a un plano sensacional. El folk rock de “In Your Ocean” cuaja a la primera. Las dos colaboraciones con el trío I’m With Her sobresalen: la serena y cauterizadora “Wait Up” y ese estribillo, tan Beatle, que se marcan en “Robin’s Egg”. Y el violín, la mandolina y los arreglos de cuerda de Paul Cartwright ponen un punto diferencial a preciosidades como “Roses” (ese final apocalíptico), “Paper and Stone”, “Dates and Dead Pople” o “Half Measures”. Es, en síntesis, Sam Beam de nuevo a la altura de sus mejores momentos, y eso es mucho decir tras casi 25 años de carrera.

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