Primeros candidatos a hype pop del año. No les faltan argumentos. Estos jovencísimos daneses no se han dejado ni un superhéroe tecno-pop por homenajear: de Duran Duran a Kraftwerk, pasando por Spandau Ballet, ABC o la Human League (por Dios, si “Nightmare” parece suya) aparecen en sensacionales temas pop con sintetizadores de ayer y espíritu analógico.
Y hay algo de Eurythmics… Y de Men Without Hats... Y hasta de Yello, Freur (¿se acuerdan de aquel mágico “Doot Doot”?) y Blancmange (permítanme aquí una lagrimita...). Pero es que también podrían ser referencia perfecta de la añorada factoría March: tienen la frescura de los también nórdicos Club 8 y Eggstone o los americanos Godzuki. Y lo jodido es que aún así tienen personalidad propia. Diecinueve años tiene Thomas Troelsen, criaturita, y ya está dando lecciones básicas de pop: melodías pegadizas, baladas enternecedoramente adolescentes y estribillos demoledores. Todo con la consciente vocación de rescatar un momento en el tiempo: el synth-pop de los primeros ochenta. No invento: hay un tema llamado “New Romantic Sounds” (que debe ser una grabación perdida de Duran Duran). No sé ustedes. pero yo, acabe en hype o no, encargo esta misma tarde su debut “Dancing Casanova”. Lluís González
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