Completándose ahora con este primer álbum en solitario, la trayectoria de Efrim sigue su particular curso con uno de sus máximos idearios al frente: ser fiel a si mismo. Así, “High Gospel”, aunque resulte una obra enfocada desde una óptica mucho más intimista, también está planteada desde la total ausencia de ataduras, aunando cercanía con experimentación afable y, lo que es más importante, con calidad. Hay que rendirse a la evidencia. Pese a sus muchas visiones aquí reunidas –folk, electrónica, música de cámara, world music-, ejecutadas, incluso, con recursos nunca antes utilizados por el músico, y sus muchos tonos empleados –reservado, épico, misterioso-, el de Montreal sabe compatibilizar heterodoxia con creatividad bajo un mismo y único manto. Ese mismo capaz de cubrirnos con una pátina melancólica, incapaz de abandonarnos hasta el final de los cortes, con la pérdida como uno de sus temas principales -ese homenaje a su amigo: “Kaddish For Chesnutt”- y un alto grado de espiritualidad. Quizá un punto de inflexión en su madurez como músico, pero ante todo una obra atrayente.
I see, I susoppe that would have to be the case.