Una de las menos evidentes, pero más ciertas muestras de la salud del rap nacional es ver cómo poco a poco van apareciendo voces diferentes, cuyas hojas de ruta discurren alejadas de la tónica dominante, pero que al fin y al cabo no tienen nada que envidiar a artistas consagrados en la primera división.
Sin profundizar en el estricto underground, están Weleló, Praxiz y también Sr. Zambrana. Hay muchos más, seguro, pero a esos los tenemos frescos en la memoria. "Hechopolvo", segundo largo del catalán José Zambrana es un prodigio de clase. Jazz, funk, soul, andanadas r n´b negroide de verdad, unas bases brillantes, un dominio óptimo de la voz y unas letras que van de lo humano (borracheras, ir por ahí con los colegas, todo muy mundano) a lo divino (ellas, básicamente, y no es un tema cualquiera). Crónicas de backpacker anónimo, sabio y con hambre. Su único defecto es que no todos los cortes están a la altura de “Te tengo”, “Oye tú, ven aquí”, “Color” o “Mi morada” y que algunos de los invitados no terminan de encajar en el rollo. Si no fuera así estaríamos hablando de algo grandioso.
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