The Mountain
DiscosGorillaz

The Mountain

8 / 10
Sergio Ariza — 07-03-2026
Empresa — Kong
Género — Pop

Este "The Mountain", el noveno disco de Gorillaz, aparece casi veinticinco años después que su debut y deja claro que hasta los grupos de dibujos animados maduran. La primera canción, el instrumental que da título al disco, nos da las principales claves del mismo, una obra impregnada de tres cosas: la muerte, el viaje a la India de sus dos cerebros principales y el nivel de melancolía que subyace detrás de él, sustituyendo los momentos más movidos por composiciones más delicadas y sutiles.

Damon Albarn y Jamie Hewlett perdieron a sus padres en un plazo de diez días y decidieron irse a la India a buscar una especie de refugio espiritual. De ese viaje surge el disco más enfocado de la banda virtual desde “Plastic Beach” (10), uno que les ve menos virtuales que nunca tratando de lidiar con su propia mortalidad.

Y es que la muerte se pasea a lo largo y ancho de este disco en el que las primeras palabras que se pronuncian vienen de un hombre muerto, Dennis Hopper. No será el único, en una obra en la que Gorillaz reúne, y reutiliza, a muchos de sus colaboradores más cercanos a lo largo de estos veinticinco años, gente como Trugoy the Dove de De La Soul, Bobby Womack, Mark E. Smith, Tony Allen o el rapero Proof, que vuelven desde la tumba para un disco en el que uno de sus motivos principales es que "lo más difícil es decirle adiós a alguien al que quieres".

A esto se unen otros habituales como Johnny Marr, Paul Simonon, además de voces nuevas como Gruff Rhys, IDLES, Bizarrap, Trueno, Yasiin Bey, Sparks o un Black Thought que se convierte casi en el nuevo MVP del enorme saco de colaboradores, siendo el perfecto sustituto de Trugoy en canciones como "The Moon Cave" o la preciosa "The Empty Dream Machine". Todo ello sin olvidar que su viaje a la India les ha llevado a colaborar con figuras de aquel país como Ajay Prasanna, Anoushka Shankar, Asha Puthli, Amaan Ali Bangash, Ayaan Ali Bangash o Asha Bhosle (la cantante a la que dedicaron Cornershop su "Brimful Of Asha").

Así que, como suele ser habitual, este disco es una olla donde caben muchas músicas, idiomas, ritmos, melodías y, en este caso, fantasmas. Aunque esta vez con un claro sonido oriental y un poso de melancolía y tristeza que impregna todo el disco, hasta en canciones un poco más disco y movidas como "The Moon Cave". Sí que hay una canción que es puro gozo, a pesar de hablar de estos tiempos de aspirantes de dictadores, que es ese "The Happy Dictator", en la que Albarn vuelve a sacar el máximo de sus colaboradores, en este caso Sparks, en una canción que lleva el sello de los hermanos Mael, esa especie de glam inteligente, unido al ritmo y a esos recitados tan de la marca Gorillaz, además de un estribillo irresistible aunque preocupante: "No more bad news / So you can sleep well at night / And the palace of your mind will be bright!".

El disco termina con un maravilloso trío de canciones que confirman ese carácter crepuscular y melancólico del disco, "Casablanca", con ligeros arpegios de guitarra de Marr y un Albarn arrebatado en el estribillo, luego llega "The Sweet Prince", su bonita despedida de su padre ("Me encontré junto a tu cama mirando al vacío, Intentaba decirte que te quería, pero tú simplemente miraste hacia otro lado") ayudado por la filosofía oriental, la muerte no es el final sino solo un paso hacia otra vida.

El final llega con "The Sad God", un Dios abatido, triste y, probablemente muerto, mira con tristeza lo que se ha hecho del mundo; "os di átomos, hicisteis bombas". "Ahora no hay nada y yo me he ido. No hay más montañas, no hay más canciones. No hay más oraciones enviadas al espacio. Solo quedan pantallas para ver tu rostro".

No hay grandes canciones pop con estribillos pegadizos (a excepción de "The Happy Dictator") en "The Mountain", pero tampoco es un problema. Como alternativa tenemos varias canciones preciosas que te pellizcan el alma. Si le das tiempo, este disco te dejará claro que es lo mejor que ha hecho esta banda desde los lejanos tiempos de "Plastic Beach", aunque "Cracker Island" (23) ya dejaba ver una mejoría. Puede que no sea tan directos como los recordabas, pero es el disco más profundo, y bonito, que han hecho nunca.

 

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