El segundo largo de estos jóvenes estadounidenses se erige en una locomotora sin freno desde el primer minuto, un derroche de adrenalina bajo el influjo adolescente de la urgencia.
Por aquí no asoma ningún síntoma de esterilización, sólo cuatro jóvenes atolondrados jugueteando con partituras de punk-rock sudoroso. Si a esto le sumamos la presencia de una fémina de armas tomar, una especie de Karen O que justifica con sus alaridos las comparaciones con la cantante de Yeah Yeah Yeahs, la diversión en directo está asegurada. Temas como “The Nelly Affair”, “Food Fight” o “Becky” destacan en un conjunto que no ofrece concesiones a la distensión: canciones de apenas un par de minutos para alentar a las bestias que se balancean en la mayoría de edad ¿y el resto?, pues, uno puede acabar acudiendo al Gelocatil con tanta velocidad sin control, pero, ¿acaso, los dieciocho no iban de dejarse el físico y la voz en los primeros devaneos nocturnos? Los de Nashville asoman con fuerza en el pelotón de hypes de la temporada, el futuro dirá si llegan para quedarse.
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