Manolito
DiscosFoyone

Manolito

6 / 10
Daniel Caballero — 22-01-2026
Empresa — Taste The Floor
Género — Rap

“Manolito” es el noveno álbum de Foyone como solista. Desde que el primero titulado “Mi Zoológico” (11) prendiera la cerilla oscurantista, reptiliana, ácida y espiritualmente psíquica de su árbol identitario el artista malagueño ha ido sacudiéndose de encima el amateurismo con cada proyecto que ha ido lanzando. Desde “Dólares Mentales” (13) hasta “Presidente” (20), pasando por dos de sus Everest conceptuales como son las ilusiones de falsa libertad en “La Jaula de Oro” (15), y el encarnamiento del viaje del héroe de Joseph Campbell en la operística de “Demoni” (24). Entre tanto, una ristra de rapeos a cámara grabados en una toma, los llamados “Rap Sin Corte”, que ya cuentan con cincuenta y seis entregas y que han sido férreos puntales en la fidelización y ampliación de uno los universos más singulares y a la vez reconocibles del hip hop patrio.

Si con “Demoni”, Foyone llenaba de diesel el tanque conceptual para, como dije arriba, emprender un extenso periplo vital transformador lleno de peligros y contradicciones con la sociedad turbocapitalista y el telón consumista de fondo, en este nuevo álbum llena el depósito a la mitad ya que no viaja tan lejos y, por lo tanto, desacelera conceptualmente. Los treinta y dos minutos de “Manolito” no llegan a los cuarenta y tres –cincuenta y nueve si contamos la edición extendida– del anterior álbum, y su espontaneidad temática sustituye al maridaje coral de productores y colaboraciones de “Demoni”. El anclaje del álbum tiene que ver con la película “Naúfrago”, en la que el protagonista palia la soledad de estar en una isla desierta cuando se encuentra con un balón al que bautiza como su amigo imaginario otorgándole el nombre de Wilson. Con él comparte sus palabras, su enfado y también desesperación. La misma figura de rostro inquietante que aparece en ese balón es la que ilustra la portada de “Manolito” como metáfora relacional con la mente del malagueño. Sin embargo, después de la ambición de sus últimos álbumes, el concepto aquí no actúa como un todo sino que es mucho más liviano y no recorre al disco íntegramente, pareciendo más una mera puerta de entrada estética para situar al álbum. Hay menos planificación y menos ensimismamiento que se sustituyen por una mayor ligereza.

A nivel musical no hay ninguna colaboración y tres son los productores que intervienen: Blasfem, Ciclo y su inseparable Sceno. Los punteos de guitarras en los bajos son protagonistas y comandan la producción en “El pollo que no salió de un huevo”, “Terraplanismo” y “Marlboro”, con un tempo y una nasalidad vocal herencia de B-Real de Cypress Hill y donde Foyone se despacha a gusto: “Miran con cara de malo / yo les miro y me río”. Por otra parte, los teclados vívidos y triunfales se suceden en las maximalistas “La cabeza del Emperador” y “Dios”, con un mensaje destructivo “las ganas de verlo to’ arder no cesan”. Suena genial el g-funk de “Sacrificio”, en unas latitudes melódicas no muy comunes en su discografía pero que aquí se luce, de manera similar ocurre con el up-tempo de “Tampax”, hardcore-rage rap notablemente producido donde el malagueño desparrama una fiereza vocal que planea sobre estampas mordaces marcas de la casa: “había tormenta solar cuando engendraron mi cigoto”. “Mamada sin dientes” es un boom-bap clásico de tinte oscuro que, sin duda, es la canción más densa y existencialista del álbum con ecos del peso conceptual de “Demoni”, “La Jaula de Oro” y “Dólares Mentales”, y que versa sobre el malditismo, las presiones y las inseguridades: “no encuentro paz y amor / solo veo guerra y odio / aumenta la presión soy un hijo del agobio / en este territorio no verás unicornios / el mundo está enfermo y yo recojo el testimonio”.

“Manolito” no es uno de los mejores discos en la discografía del malagueño, el concepto no llega a emerger del todo, es menos metódico y parece más un ambientador de adorno que una autopista por la que seguir, pero su suelo está lo suficientemente alto para que sea un buen álbum digno de escuchar, con buena sonoridad y ciertos grandes pasajes, siendo más digerible y ligero que su predecesor, “Demoni”.

 

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