Crítica de 'Honora', la declaración de amor al jazz de Flea
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Crítica de 'Honora', la declaración de amor al jazz de Flea

8 / 10
Adriano Mazzeo — 01-04-2026
Empresa — Nonesuch/Warner
Género — Jazz

Es fascinante el hecho de que Flea, el eterno bajista de Red Hot Chili Peppers, haya llegado a su primer álbum solista en 2026. “Honora” no es su debut si tenemos en cuenta el EP “Helen Burns” de 2012, pero sí es un antes y un después en una carrera que siempre lo mostró como gran colaborador y jugador de equipo. Este paso definitivo representa un festín para cualquier psicólogo, pero también para cualquiera de los fans de su musicalidad, aquellos que probablemente se hayan llevado la mano a la frente con cada disco lanzado por Chili Peppers después de 2006.

Este álbum tiene algún sentido de justicia para los que gozaron con ojos cerrados y comisura en curva ascendente de las participaciones de Flea en movidas como Atoms For Peace (junto a Thom Yorke y Nigel Godrich), Rocket Juice and the Moon (con Damon Albarn y Tony Allen), los mil y un proyectos junto a Omar Rodríguez López o, volviendo atrás en el tiempo, sus interacciones con Jane’s Addiction y Fishbone.

“Honora” es una muestra de su amor eterno por el jazz y los jazzistas; “El mayor regalo de Estados Unidos al mundo”, según el protagonista del disco. Pero también es algo más: es el lugar en el que su arte se aprecia con mayor libertad. Lo dijo en una reciente entrevista, y no podemos dejar de darle la razón tras escuchar estos once temas.

Como buen hombre de familia que es, aquí también se rodea de colaboradores de toda la vida (Chad Smith hace un pequeño aporte y John Frusciante aparece en composición, trompetas e ingeniería de sonido), de otros habituales (Thom Yorke en voz y Mauro Refosco en percusión, ambos compañeros de Atoms For Peace) y un de par de personajes claves de su entorno: Jeff Parker, guitarrista de Tortoise, y Deantoni Parks, ese baterista de nivelazo que escuchamos junto a The Mars Volta, Meshell Ndegeocello, Flying Lotus, etcétera. Incluso Flea se da el lujo de tener a Nick Cave entonando esa oscura y profunda versión del “Wichita Lineman” de Jimmy Webb.

El resultado de juntar a semejante dream team es todo lo genial que se puede anticipar, aunque el brillo de la ejecución, el estilazo de los arreglos y los distintos grandes angulares con los que se planeó esta música, dejan notar que el máximo pro que tiene “Honora” es cómo Flea logró alinearse en él mismo para liderar un proyecto así de exquisito. El hecho de que elija la trompeta –su primer instrumento– también como forma de expresión habla de una vuelta al sentir original, reinterpretado por el paso de los años y sus experiencias.

Un servidor viene pidiéndolo desde hace décadas: era perder el tiempo (el nuestro, pero sobre todo el de él) escucharlo intentando rizar el rizo de Chili Peppers. Era de algún modo triste seguir sin poder disfrutar de un alma al servicio de la música como es la de Flea, flotando a su aire, sintiendo de esta manera. Las rítmicas dinámicas, las melodías precisas y las aleatorias, las ideas y el lugar que ocupan, los colores, el audio, las imágenes que esta música evoca… todo deja la sensación de que este disco era algo que debía suceder.

Aunque sin dudas es el momento más cheesy del disco, hay que tener muchas agallas (o ser algún tipo de negacionista emocional) para no caer en el encanto de la versión de “Thinkin About You” de Frank Ocean –en la que Flea alterna trompeta y bajo, como en varios temas más–, canción que apostamos que tenía ganas de hacer desde cuando vitoreó la salida de “channel ORANGE”, hace casi una década y media.

El universo del nacido como Michael Balzary muestra todos sus planetas y constelaciones, gestadas por la interacción de un tío que puede ser un dulce neo hippie que enseña a tocar el bajo a un gorila hasta un desquiciado que se pelea con su roadie en pleno show no teniendo razón para hacerlo. La paleta de “Honora” está en un bello conflicto: es technicolor y es pastel. “Golden Wingship” es el dorado que encandila. “A Plea” despierta sospechas y tensiona con sus diálogos instrumentales de distintos pigmentos. “Traffic Lights” era un instrumental de speakeasy tramposo hasta que llegó Thom Yorke y con su voz le interpuso tonalidades efímeras. El desarrollo parsimonioso de la genial “Frailed” (con un featuring oculto de John Frusciante en trompeta y programación) va intercalando capas de nubes, menos o más grises. “Morning Cry” evoca al Miles Davis post “Kind of Blue” y groovea con fiebre en zona roja. Flea no se queda con las ganas de dar su punto de vista del “Maggot Brain” de Funkadelic; George Clinton y Eddie Hazel brillan en su podio celestial con tal homenaje. Josh Johnson y John Frusciante retuercen perillas mientras Flea interpreta “Willow Weep For Me” –popularizada por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong– son su trompeta de terciopelo bordó. Para el final “Free As I Want To Be” pinta esta galaxia a la perfección: bajos orgánicos, imperfectos, vientos con ecos y guitarras flipadas para un dub natural influenciado por otros de los cristos intocables de Flea: Jimi Hendrix y Funkadelic. Aquí está, este es el debut en solitario de un músico que acaba de renacer de la mejor manera posible. Enhorabuena a él y a todos los implicados en el álbum.

 

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