Necesitamos santos. Eso dicen los que saben de la vida y viven en torreones de homilías.
Chris Walla se lanza al redil en solitario y con su nombre, tras el escondite que se ha procurado bajo el nombre de Martin Youth Auxiliary. Con el tema “The Score”, el segundo en este trabajo, Walla consigue volver a poner una sonrisa a quien una vez atendimos con la misma a las evoluciones en la cúspide de su nave nodriza, Death Cab For Cutie, a todas luces ya clásicos de la década. Sin acabar de explotar, Walla explora esos mismos caminos, los de la elegancia y la sabiduría de las cosas pequeñas, que aquí comparte con Jason McGerr de DCFC y Kurt Dahle de The New Pornographers, demostrando que no es la segunda mano de nadie -ni siquiera de Ben Gibbard- y que sabe emocionar con muy poco como no demasiados saben (“A Bird Is A Song”) o hacer pop redondo como muchos sabían antes (“Everybody On”). Bienaventurado Chris Walla porque tendrá nombre propio en nuestras estanterías de discos. Y, a día de hoy, querido lector, ¿existen santuarios mucho más reales que ese?
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