Plantear este disco como una balanza ligeramente desequilibrada es hacer justicia a la carrera discográfica de Glissando. La irregularidad ha marcado a una de las bandas que más piedras pusieron para construir el panorama alternativo catalán del que disfrutamos en la actualidad. Ellos lo saben, era arriesgado vestir este trabajo variopinto donde los haya: conviven en relativa paz revisiones de Sopa de Cabra (“Camins”), Johnny Cash (“Malferit”/“Hurt”) o Bon Iver (“En contacte…”/”Flume”), temas que en ciertos momentos anhelas se respete su originalidad: mal presentimiento. Eso sí, en “Ermites, cançons i com somiar en meteorits roses” también encontramos covers que ya han nacido como nuevas canciones –el mejor piropo que se le puede echar a una versión-: la bienhallada “Dorm” (Quimi Portet) o la más sorprendente “Cuques de llum” –sí, sí, “Fireflies” de Owl City-, un acierto incontestable. En general, el disco explora sonoridades y timbres poco comunes en la liga pop: hace mucho grabar en la Ermita de Sant Sebastià de Montmajor, hace mucho atreverse con órgano o acordeón, hace mucho llevar ya diez años en esto. Felicidades.
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