Nada más y nada menos que siete años han tardado The Monkeywrench en editar su segundo trabajo. Probablemente porque hace esos años Mark Arm ya tenía suficiente trabajo al frente de Mudhoney, tratando de obtener un reconocimiento que no siempre se les otorgó.
Ahora las cosas han cambiado; al bebé de la portada de “Nevermind” ya le debe faltar poco para afeitarse solito el bigote, y Mark Arm puede tomarse su divertimento más en serio y echar toda su carne en el asador de The Monkeywrench. Pero es precisamente su voz lo que quizás menos ayuda a la receta cien por cien rockanrolera de las composiciones del disco; canciones en las que garage, rock sureño, hillbilly, r&b y psicodelia se mezclan para dar un resultado genuinamente yanqui, pero dónde esa voz tan reverberada, marca de la casa del productor Jack Endino, no acaba de encontrar el empaste con el resto del grupo, que parece pedir un timbre más rasgado, más sucio, menos épico. Quizás Arm y Endino todavía no han sacudido el fantasma grunge de sus espíritus, y, por eso, aunque sus respectivas reputaciones les avalen, no suenan tan rock´n´roll como parecen querer sonar. A pesar de todo eso, merecen una escucha. Como no.
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