Tras dos álbumes producidos por John Parish, el titular que acompaña a “Secret Love”, tercer largo de la banda londinense, es el cambio en la producción a la galesa Cate Le Bon, lo cual no es baladí: Dry Cleaning entregan uno de sus mejores y más variados trabajos; su sonido pega un giro de timón, al menos durante buena parte del álbum, y se adentran en nuevo territorio para el grupo.
Cuenta la banda que el viaje para este tercer disco comienza hace un par de años a través de Wilco, a quienes producía en ese momento Cate Le Bon. Tras grabar demos en el estudio del propio Jeff Tweedy y más adelante junto a los irlandeses Gilla Band (antes Girl Band), deciden incorporar a la galesa a los mandos técnicos, quien directamente les propone grabar todas las canciones de nuevo.
Quizás no escuchemos nunca dichas demos, y aún sin tener esa referencia, uno sólo puede pensar lo impecable del trabajo que hecho la productora. La influencia de Le Bon se ve claramente en la primera canción del álbum y primer sencillo “Hit My Head All Day”: esa aparente apatía, la característica impasibilidad del ‘spoken word’ de Florence Shaw se suman a la repetición mántrica, ya marca de la productora (como demostraba en su “Michelangelo Dying”, uno de los mejores trabajos que nos dejaba 2025), construyendo así una pista en la que uno se perdería eternamente.
Sin lanzarse del todo a la piscina, meten el dedo en el agua y coquetean con el cambio en cortes como “Let Me Grow And You’ll See the Fruit”, sencillo que incluye punteos de guitarras acústicas y acompañamientos de saxos; también hay sorpresas en la titular “Secret Love”, melodías de guitarra y sintetizadores atmosféricos que recuerdan más a Cocteau Twins que a sus temas más punk, pero quizás lo más importante, Shaw se lanza a cantar, dándole una sensibilidad dream-pop y mostrando una vulnerabilidad que quizás no habíamos visto antes con el cuarteto.
El cambio de rumbo no es total: “Bloods”, “Cruise Ship Designer”, “My Soul Half Pint” se anclan en trabajos pasados y recuerdan a sus coetáneos Parquet Courts, gracias a esa herencia post-punk y noise neoyorkina que ya se veía en otros trabajos, con claras referencias a Sonic Youth o The Fall.
Desde ese post-punk, exploran la oscuridad en “Evil Evil Idiot” con un guiño al goth-rock y bordean lo industrial en “Rocks”; cortes que se asemejan más a su brillante debut “New Long Leg” (2021) pero que irónicamente pierden fuelle, ya que esa inmediatez característica ya no está tan presente. Quizás sea el sesgo del que escucha, que no puede sino preguntarse qué ocurriría si todas las grabaciones del disco siguiesen esa línea más elaborada e introspectiva de los singles.
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