Para ello, contó con las letras de los futuros Monty Python Michael Palin y Terry Jones, por aquel entonces haciendo sus primeros pinitos para la televisión. Una curiosidad, vamos, si no fuera porque el contenido del álbum es sencillamente ensoñador. El pop de cámara (léase Kinks) que propone Booth, rico en arreglos y orquestaciones, encuentra en los versos de Terry Jones y (sobre todo) de Michael Palin el pincel con el que dar forma a unas historias sorprendentes e irresistiblemente humanas, con personajes tan enternecedores como el insatisfecho Henry Smith, la ex-acróbata Vera Lamonte, el desafortunado Henri Dupont, el pequeño topo que nada sabía de éste nuestro mundo, el rey que colgó “algo” en el jardín o el tipo que era tremendamente habilidoso con sus manos. Delicioso.
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