Existence Is Bliss
DiscosDeadletter

Existence Is Bliss

7 / 10
Raúl Julián — 27-02-2026
Empresa — So Recordings
Género — Post punk

Apenas año y medio después de su destacable debut, “Hysterical Strength” (So, 24), Deadletter se confirman, en base a su pertinente continuación, como una de las bandas inquietas del último (y numeroso) revival post-punk surgido en Reino Unido. Si su estreno lucía como un disco afanoso y plagado de buenas canciones, la presente continuación aumenta las dosis de ambición y, ante todo, presenta lo que sólo cabe entender como paso al frente por parte del grupo, casi apuntando a una madurez nada habitual para un combo que está poniendo en la calle el que aún es su segundo elepé.

“Existence Is Bliss” es un disco continuista en términos generales, pero también oferta opciones en las que rascar tras lucir sensiblemente más sofisticado que su predecesor y probar el pulso firme de los del sur de Londres. La veta post-punk que cruza todo el álbum, desde la inicial “Purity I” a la final “Meanwhile In A Parallelse” y pasando por piezas como “To The Brim”, “It Comes Creeping” o “(Back to) The Scene of the Crime”, se extiende en diferentes direcciones picoteando de synth-pop oscuro y arropándose con un envoltorio de corte intelectual. Una obra que, no en vano, viene acompañada de manifiesto y se impone como casi filosófica en torno al (cuestionable) actual estado de la sociedad.

“Existence Is Bliss” evita estancarse y es un disco bastante más trabajado en detalles y remaches que “Hysterical Strength”, recipiente igualmente de magníficas canciones, en un conjunto tan equilibrado que resulta complicado señalar auténticas destacadas. Una atractiva mezcla de visceralidad –manejada en buena parte por la abrasiva y magnética interpretación del vocalista Zach Lawrence– y distinción –con esa pose arty refrendada a conciencia por el pictórico saxofón de Poppy Richler y sus consecuencias jazzísticas–, que los emparenta directamente (y dentro de la maraña de nombres del plano escénico en el que se manejan) con Yard Act, Squid o esos alumnos aventajados que son los irlandeses Fontaines D.C.

El quinteto insinuó potencial sin titubeos y con su sólido estreno, tomando una posición ventajosa que refrendaron, a continuación, paseando su ardoroso directo por nuestra geografía. Ahora terminan de remachar la (casi ininterrumpida) jugada con una obra que llega sin periodo de barbecho y que confirma el momento especialmente inspirado del grupo. Deadletter son ya, y cabe poca discusión al respecto, una de las bandas inexcusables de esa actual escena británica que apuesta por el blanco y negro de The Fall, The Sound, Joy Division o Bauhaus como traje con el que vestir sus canciones.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.