Rendida ante la inmensidad del momento. A su dolor y su gloria. Dani Dicostas llora, baila y celebra a sus “Amores Pasajeros”. “¿Estás triste o solo estás cachonda?” nos preguntan los nueve orgasmos que dispara su tercer largo. Deshojando los pétalos de “Mucho para ti”, entre violines y guitarras eléctricas, elementos dominantes en la producción del disco; la encontramos bajo los focos de una vulnerable e irreverente chanson hecha para las que estamos perdidas. Y a la vez, somos irremediablemente sexys.
En apenas media hora, la viguesa es capaz de crear una radiografía narrativa y sonora de infinitud de chispazos. De la pletoria grupal del romántico “Estadios”, o la ansiedad pop global de “Desde otro lugar”. Himno de mochileros y nómadas digitales. Hasta el distorsionado, oscuro y de sensación infinita “Ya no llueve”.
Demasiado vulnerable para una femme fatale. Demasiado armada como para ser una más. Dani agarra su guitarra a punta de pistola para sentenciar a quien le arruine su felicidad. Entre riffs, sintes distorsionados, algún que otro glitch y la impetuosidad de las teclas, la cantante presenta con “Bye Bye”,el single que mejor define la filosofía del largo, un réquiem al presente. De sonido vanguardista y melodía clásica. El solo de jazz de “Amores Pasajeros”, compuesta en la época de su anterior disco “Postdata”, nos despide con la canción más desnuda de la trayectoria de la artista. Aquí abandona promesas, la presión de una estética, y acepta su naturaleza. Renunciando al producto para abrazar su humanidad. Eso es exactamente lo que hace de dani dicostas una rara avis entre las divas pop. Su capacidad de entrar a tu habitación como una amiga con la que te sientes identificado, para lo bueno y para lo malo. Pero a la que a la vez ves como una estrella, con demasiado talento orbitando como para no estar brillando.
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