Swet Deth
DiscosCrooked Fingers

Swet Deth

8 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — 11-03-2026
Empresa — Merge Records
Género — Rock

Tal y como está este apestoso mundo, no nos queda otra que agarrarnos con fuerza a ese canon de álbumes que nos hablan sobre la muerte mientras nos inspiran unas ganas horribles de celebrar la vida. Un modelo de resistencia cada vez más frecuente, por cierto: es lo que nos queda. No hay otra. Y ese es el caso del séptimo álbum del proyecto del norteamericano Erich Bachmann, que llega quince años después de su última entrega ("Breaks In The Armor", 2011) y tras cuatro del último disco de sus Archers of Loaf (Reason In Decline, 2022). Cuenta el músico de Carolina del Norte que su retoño llegó un día a casa desde el cole con unos siniestros dibujos de cuervos, tumbas y guadañas, bajo los que ponía Swet Deth (es decir, muerte dulce escrito a la manera de un crío), y tuvo claro el título y también la idea, habida cuenta de que nuestro hombre tiene 55 años y ha tenido tiempo de ver la muerte de cerca en familiares y amigos. El resultado es exultante, y tiene mucho que ver también con el hecho de que la gran mayoría de cortes están grabados en colaboración, y se benefician de esas voces ajenas.

Ocurre desde su mismo descorche, esa contagiosa “Cold Waves”, al alimón con Mac McCaughan (Superchunk), capaz de remontar el más alicaído de los ánimos. Y la buena tónica se mantiene a lo largo de un puñado de notables medios tiempos, que son los que predominan: “From All Ways”, con Matt Berninger, de The National (atravesada por un solo de guitarra eléctrica que es pura gloria); “Spray Tan Speed Queen (In A German Car)”, con la voz de Skylar Gudasz (integrante de su banda de directo); “Empty Love and Cheap Thrills”, con Avery Leigh Draut (Night Palace) dándole el contrapunto; el synth pop radioformulable (si quedaran radiofórmulas con sustancia) de “Haunted”, a pachas con la gran Sharon Van Etten, o la springsteeniana (en modo lo fi) “Hospital”, a medias con la voz de su mujer, Liz Durrett. Incluso cuando encara el micro sin compañía, como en la preciosa “Steady Now”, balada que sirve como cierre, sobresale, porque este es un disco más que notable desde cualquier perspectiva, dotado de una vivaz sensibilidad.

 

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