El debut de un grupo suele ser muy significativo, eso es porque desde el momento en que una banda comienza hasta que logra grabar su primer disco, suele pasar el tiempo suficiente para que amontonen una gran cantidad de material del que presumir cuando, por fin, consiguen su oportunidad. En el caso de Ratboys no fue así. Si uno escucha su primer disco, "AOID", encontrará tres o cuatro buenas canciones de indie rock y no muchas expectativas de cara al futuro.
Pues bien, escuchando el sexto disco de la banda, este "Singin' to an Empty Chair", un número en el que la mayoría de las bandas se han quedado sin cosas que contar y, sobre todo, sin canciones, nos encontramos ante un disco excelente de una banda que compone, toca y arregla mucho mejor que en sus comienzos, una que ha ido aprendiendo el oficio y que ahora se coloca entre las mejores bandas de su generación. Está claro que esa mejoría ya se dejaba ver en su anterior trabajo, “The Window”, pero esta es la confirmación de que han dado un paso más.
Con Chris Walla de Death Cab For Cutie otra vez tras la mesa de producción, la banda se acerca más al sonido de Wednesday y MJ Lenderman, esa especie de indie rock con querencia al Alt Country, con jams cercanas a un Neil Young cabalgando junto a Crazy Horse, con un Dave Sagan que nunca ha tocado mejor que aquí y una Julia Steiner que nunca ha contado mejores historias.
El disco se sitúa en una especie de cruce de caminos en el que The Breeders y Lucinda Williams se dan la mano, como bien prueba la canción inicial, “Open Up”, que comienza con un ligero toque country en las estrofas hasta explotar en un estribillo que es puro rock alternativo de los noventa. La energía se pasa totalmente al slacker rock con la melancólica y adictiva “Know You Then”, mientras que en “Light Night Mountains All That” se comprueba como Walla les ha dado más libertad para que construyan una canción de manera menos encorsetada y libre. Eso no quiere decir que no sean capaces de entregar una píldora casi perfecta de power pop en modo Weezer, con la adictiva “Anywhere”, el momento más directo del disco.
A partir de aquí el disco da un giro más campestre como prueba ese grito imitando a un gallo al inicio de la bonita “Penny In The Lake”, con sus armonías y sus sabrosos ‘licks’ de guitarras sureñas. “Strange Love” es como una caricia del mejor country rock, hecho con una gran sensibilidad pop. En “The World So Madly” regresan las guitarras más indies y los estribillos certeros, pero melancólicos.
Y es que este es un disco compuesto tras una relación fallida de Steiner y su paso por terapia, de donde salió ese “cantando a una silla vacía” que le da título. Una frase que aparece en la canción que sirve de corazón de este disco, los más de ocho minutos de “Just Want You To Know The Truth” en la que la cantante se desnuda emocionalmente con una melodía que acompaña a la perfección a la nostalgia de las palabras, entre pedal steels y una banda que sabe acompañar a la perfección el dolor de su cantante.
En “Burn It Down” se vuelven a meter en una canción que pasa de los siete minutos y a la que no sobra nada con un Sagan que se gradúa con nota en eso de ser un “guitar hero” alternativo con raíces en Neil Young.
Pero el disco termina con una nota optimista con “At Peace in the Hundred Acre Woods “, una hermosa y vulnerable canción indie country pop de tres minutos, porque estos Ratboys nunca cargan las tintas y saben cómo decir adiós. Once años después de su debut esta banda de Chicago sigue mejorando y entrega el mejor disco de su carrera, no recibirá las mismas alabanzas que si fuera de una banda de recién llegados, pero puede que tenga más mérito.
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