Un año largo ha sido necesario para que el debut discográfico de Cousteau viese la luz en nuestro país de forma oficial. Más vale tarde que nunca, que diría aquel. Once composiciones capaces no solamente de arropar la calidez vocal de Liam McKahey, una suerte de Neil Hannon jugando a ser Scott Walker, sino también de desenvolverse con excelentes maneras en un mundo en el que conviven en perfecta sintonía desde Tindersticks hasta el Bowie más calmado, pasando por Divine Comedy, Perry Blake e incluso Black.
Porque Cousteau no pretenden engañar a nadie. Pueden acomodarse entre pianos jazzy y pueden crear ambientes de crooner que Bacharach sabría apreciar, pero tampoco le hacen ascos a la accesibilidad (repasen “One Good Reason” y lo verán claro). Digamos que Cousteau podrían ser los hermanos para todos los públicos de Tindersticks, aunque mientras aquellos se ventilan una copilla de buen vino para ahogar sus penas, McKahey y los suyos la sorben por placer, para disfrutar y para pasarlo bien. Así que sorban “Cousteau” y disfrútenlo, porque vale la pena.
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