Para Courtney Barnett las cosas al principio fueron muy rápido. Quizás demasiado. Asimilar tanto –y aparentemente tan bueno– no era una buena receta. No había más que ver el documental “Anonymus club”, un retrato en crudo de la vida de aquella artista ligeramente atormentada: todo lo incierto que había a su alrededor, las dudas y los miedos componiendo, el desgaste de moverse por el mundo cuando igual no es eso lo que más te apetece. Todo ello te cambiaba la perfección de lo que podía suponer el éxito para alguien como ella. En realidad, había más sombras que luces y te quedabas con la sensación de que no todo el mundo está preparado para una vida así. Por ello, tras “Things Take Time, Take Time”, su disco de 2021, curiosamente el que menos nervio tenía y el más indefinido –un poco en tierra de nadie–, tocaba hacer un reset. En definitiva, había llegado la hora de hacer cambios y concretar la toma de decisiones. Revisar qué funcionaba y qué no, y en cierta manera recuperar una ilusión que parecía haberse evaporado.
Así, tras un intervalo de casi cinco años, nos llega este “Creature of Habit”, un disco en el que la australiana suena más eléctrica, con una voz más hecha, más madura. Ahora sí da la impresión de que Courtney Barnett se siente cómoda con su trabajo, que se cree lo que cuenta y pellizca allí dónde duele. Pero, como anuncia la última pieza del álbum, “Another Beautiful Day”, ahora queda disfrutar de la luz y apartar los nubarrones.
El disco se abre con la dinámica “Stay In Your Lane”, con un bajo que marca la línea, con el punto adecuado de rabia, aunque no vaya a marcar el tono de todo el disco. De hecho, la sigue “Wonder”, en la que las aguas bajan más tranquilas con una melodía cien por cien Barnett. Tanto es así que podrías quedarte a vivir en esta canción –o en “Sugar Plum”, en el ecuador del álbum–. De hecho, cuando toma esa senda recuerda al sonido de Hole en “Celebrity Skin”.
La conexión con Waxahatchee en “Site Unseen” es inmediata, adentrándonos en el corazón del álbum a través de una “Mostly Patient” en la que únicamente escuchamos su voz y su guitarra. Pero es en “One Thing At A Time” –menudo solo de guitarra– o “Mantis”, con su espíritu indie y rebelde, donde ella responde a la necesidad de carburar con un motor de mayor cilindrada, tal y como hizo en su día con su disco más sobrio, “Tell Me How You Really Feel” (18). Y previo a ese cierre optimista del que hablábamos unas líneas atrás, Barnett nos obsequia con otro ejercicio juguetón y rocoso con “Great Advice”.
Una vez disfrutado este “Creature of Habit”, queda claro que la australiana ha recobrado ese aliento que parecía haber perdido. Ahora ve la vida de otro color, y nosotros con ella.
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