Hay grupos extraños en el mundo, y Prinzhorn Dance School son uno de ellos. Publicaron un primer y homónimo disco en 2007 gracias al apoyo de James Murphy, pero sonando ya como si hubiesen nacido en los tiempos del post-punk. Llegaban tarde no solamente al nacimiento del género, sino también –y eso ha sido lo peor para ellos- al posterior y muy publicitado revival que vivimos a principios de la década pasada. ¿Qué les queda por tanto? Pues jugar el papel de grupo, como les decía, extraño. Tobin Prinz y Suzi Horn han tardado cinco años (en ello tiene mucho que ver que Horn no suela tener domicilio fijo) en publicar un segundo disco, “Clay Class”. Mucho tiempo, sobre todo atendiendo a que sigue la línea de su predecesor, es decir minimalismo post-punk a base de bajo y batería fundamentalmente, con guitarras de esas que chirrían por encima, algo así como una mezcla entre The Fall y Young Marble Giants, y para completar voces bastante chillonas. Como les decía, “Clay Class” aporta nulas novedades, lo cual supongo que ha generado algunas críticas tan negativas como injustas. Y digo injustas porque Prinzhorn Dance School ni descubren nada, ni son unos grandes compositores, pero tienen algunas canciones que se dejan querer (“Usurper”, “I Want You”, “The Flora And Fauna Of Britain In Bloom”) y que funcionan bien a la hora de desengrasarnos la sesera a base de misterio, rítmica básica y producción inexistente.
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