Leer “Cumbres borrascosas” de Emily Brontë es, sin lugar a dudas, una experiencia visceral, casi mística, donde la devoción (y la imperiosa necesidad de luchar contra ella, de despegarse de ese sentimiento como si de una enfermedad se tratara) induce al relato en una dimensión prácticamente física y matérica. Enfrentarse a este libro no sólo es emocionante, sino también desbordante. Uno empieza a preguntarse cómo se puede sentir tanto, cómo puede abrasar tanto un pensamiento y, finalmente, cómo se puede escribir de esa forma. Ese dardo de oro largo que se le clava a Catherine en el corazón, el mismo que provocó a Santa Teresa un dolor tan sabroso que no quería que desapareciera jamás, es el mismo que parece atravesar a cualquier lector cuando, sin previo aviso, pone sus ojos sobre estas cuatro palabras pronunciadas por la protagonista de Brontë: “Nelly, yo soy Heathcliff”.
Si yo ya me siento incapaz de poner en palabras lo que opino sobre “Cumbres borrascosas” en una insignificante crónica para una revista musical, trasladar el texto a sonido debe ser, cuanto menos, un salto al vacío (porque sí, durante toda la reseña voy a considerar el disco de Charli un complemento a la película de Emerald Fennell, pero también una adaptación independiente de la novela de Brontë). Kate Bush ya demostró que era posible, por mucho que aquello pareciera la excepción que confirmaba la regla (al fin y al cabo, Kate Bush es Kate Bush). Sin embargo, Charli xcx no ha tenido miedo a poner punto y final a la era “BRAT” (24) con una adaptación que no solo supone un reto musical, sino también (¡y sobre todo!) un desafío autoral y personal. Porque no se me ocurre mejor forma de dejar atrás un disco marcado por el culto al ego y por la exploración de la exposición mediática como narrativa en sí misma que adentrarse en una historia que aborda, básicamente, lo terroríficamente emocionante que supone sentirse más parte del otro que de uno mismo (de nuevo, “Nelly, yo soy Heathcliff”).
En su “Wuthering Heights” Charli mata al padre (es decir, se mata a ella misma) para entregarse al otro: a los paisajes, a las pulsiones, a las complejidades, a los personajes, al clima, a Brontë, a Fannell, a la literatura, al cine, al sonido. Si “BRAT” buscaba mostrarnos todas sus caras, este paraje de pop gótico se propone desplegar todos sus sonidos, tanto vocales como instrumentales, en un inspiradísimo ejercicio de emocionalidad, minuciosidad, elegancia y, sobre todo, devoción. Los desafinados violines de “House”, primer tema del disco, son la perfecta carta de presentación de un proyecto que tiene claro que el libro de Brontë es, en esencia, un cuento de terror. John Cale recita un poema (escrito por él mismo) sobre la eternidad, la perfección y la belleza —que invoca a ese “no sentía que el cielo fuera mi casa y lloraba a mares porque quería regresar a la tierra” que proclamaba Catherine en la novela— que acaba detonando en una explosión sonora liderada por la apabullante voz de Charli, un grito desgarrador, distorsionado y casi cacofónico que marca el tono e intenciones de esta sinfonía del horror con reminiscencias a las pesadillas clásicas de Murnau o Sjöström (y que recuperará junto a Sky Ferreira en “Eye Of The World”).
Que la esencia gótica y narrativa de “House” sobrevuele todo el álbum no implica que “Wuthering Heights” sea un proyecto que pierda valor sin las imágenes de Fannell presentes. De hecho, recomiendo olvidar que esta fantasía macabra de violines y sintetizadores es una banda sonora. A pesar de sus pretensiones transmedia, las nuevas doce canciones son un nuevo disco de Charli xcx por méritos propios (por si alguien tenía alguna duda). Recuperando algunos de los elementos que presentaba en su primer álbum “True Romance” (13) —una crítica en Spin etiquetó el disco como gótico, estridente y dramático, así que supongo que no hace falta añadir mucho más—, la cantante británica vuelve a poner a prueba la naturaleza elástica del pop (y por extensión de su voz, de su discografía y de ella misma), género musical que Charli ha conseguido introducir con maestría tanto en una boiler room como en una fiesta de disfraces victoriana.
Puede que no haya mejor muestra de esto que “Dying for You”, el mejor tema del disco y, muy probablemente, uno de los mejores temas de la carrera de Charli. Inexplicablemente adictiva, emocionantemente romántica y digitalmente atemporal. La cuerda frotada y los chops vocales conviven en esta secuela apócrifa de “party 4 you” (20) en la que toda la carrera de nuestra reina del hyperpop parece converger. Quizás exagere y simplemente haya sido un flechazo a primera vista, pero de eso precisamente se trata. “Wuthering Heights” es una oda a la hipérbole, al melodrama y a la intensidad. No hay más que dejarse llevar por “Chains of Love”, la “I Don’t Wanna Miss a Thing” de Aerosmith de la generación que casi sufre un arrebato al ver a Jacob Elordi salir de la niebla en la película de Fennell. No se queda atrás “Always Everywhere”, sin duda el capítulo más emocionante de este viaje sonoro, en el que “So I” y “I think about it all the time” de su anterior proyecto parecen haberse abrazado hasta convertirse en uno solo.
Ahora entendemos a qué se refería Charli cuando hace un año se preguntaba en un Tiktok si sería buena idea hacer un disco con violines y guitarras. “Wall of Sound” es una muestra de que, efectivamente, sí era una buena idea, y más si estos se utilizan como herramienta cartográfica, diseñando a través de ellos un paisaje sonoro opresivo e inabarcable, similar al que acecha toda la novela de Brontë (“unbelievable tension, wall of sound, monolithic, so I’m gonna stay still”, canta Charli). Lo instrumental es la base sobre la que se construye todo “Wuthering Heights”, sin que esa confianza en lo orgánico condene nunca el proyecto a la monotonía. Mientras que la inocencia de los coros y el piano de ese vals fantasmal que es “Seeing Things” recuerdan a las baladas creepypasta que Alex G compuso para “We’re All Going To The World’s Fair” de Jane Schoenbrun, los muros de violín de “Funny Mouth” —canción, por cierto, co-escrita junto a Joe Keely, lo cual demuestra que su aparición juntos en los Grammy no fue pura coincidencia— no tienen miedo a convivir con esas metralletas-beat al más puro estilo “Hentai” de Rosalía. La orquesta que nos presenta Charli parece estar siempre a punto de glitchearse, siempre a punto de desvelar algo más de lo que se supone que debe ser. Incluso parece haber interferencias en “Out of Myself”, tema que nos confirma que a la cantante también le emocionó el capítulo en el que Catherine se confiesa a Nelly (“¿de qué serviría que haya sido creada si estuviera enteramente contenida en mi cuerpo?”, escribe Brontë).
Sin entrar en mi opinión sobre la película de Fennell, es indudable que, en lo que adaptar “Cumbres borrascosas” se refiere, Charli da en el clavo en todo lo que no parece importarle en absoluto a la cineasta (sin que eso sea necesariamente malo). “Wuthering Heights” te moja, te envuelve, te sobrecoge y, sobre todo, te sorprende. Sin caer en manierismos gratuitos o pomposidades innecesarias, la artista consigue construir un álbum aparentemente inagotable, lleno de ideas y brutalmente entregado a la textura. Quizás esta sea la prueba definitiva de que pocas cosas se le van a resistir a Charli xcx, sea dentro o fuera de la música. Hace unos pocos días se presentaba en Berlinale el mockumentary “The Moment”, un largometraje co-escrito y protagonizado por la cantante (¡y que esperemos, por favor, que pronto se distribuya en España!). Pero recordemos que Charli ya ha protagonizado una película llamada “Erupcja”, tiene un papel en la nueva película de Gregg Araki y va a producir y protagonizar el nuevo proyecto de Takashi Mike. “Wuthering Heights” y la emocionante sensibilidad que desprende, siempre a medio camino entre la vulnerabilidad y la seguridad, nos confirman por qué todos nuestros directores favoritos parecen estar confiando en nuestra estrella del pop favorita. Al fin y al cabo, Charli xcx es Charli xcx.
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