En el masificado universo de ese conglomerado impersonal llamado "música balcánica" hay que andarse con muchísimo cuidado. Se cuentan por miles las formaciones surgidas, desde hace tiempo, por todos los rincones del planeta; sobre todo, al abrigo de los tentadores ritmos de la festiva fanfarria, a cuyo arte, pese a que lo parezca, no resulta sencillo sacarle lustre.
La supuesta inmediatez de los sones surgidos de trompetas, trombones y tambores ha hecho que proliferen incontables referencias, muchas de ellas, impregnadas de un evidente amateurismo.
Claramente, la Džambo Aguševi Orchestra no juega en esa liga. Este virtuoso macedonio se inició en los metales siendo un niño, mamando de la teta de la improvisación, mientras se empapaba de otros aires más cosmopolitas, y en su cabeza se iba gestando una interesante mezcla sonora.
Hoy en día, Džambo se ha recorrido medio planeta, ha triunfado en escenarios, tanto facilones, como respetados (el festival serbio de Guča, cuna del despiporre trompetero), y ha trabajado con artistas tan variados como los reyes bosnios del salvaje dub étnico Dubioza Kolektiv, o el mago turco del clarinete Hüsnü Şenlendirici, prueba palpable, tanto de su versatilidad, como de su amplia cultura musical.
Con este "Brasses for the masses" de explícito y clarificador título, el músico se hace ayudar por el incombustible productor Henry Ernst (Fanfare Ciocărlia, Adrian Raso), y apuesta sobre seguro a la hora de mostrar su querencia por el funk discotequero, el jazz, los sonidos orientales ("Taksim dream"), los homenajes contemporáneos (el "Şıkıdım" de Tarkan, y un par de piezas de Mathias Duplessy) y, por supuesto, las raíces familiares ("Sa-sa Cocek"). Y lo hace democratizando el género, y sirviéndolo en bandeja a la masa, aunque, eso sí, a partir de dignos ejercicios de virtuosismo y calidad contrastados, marca de la casa.
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