Renunciar a tus sueños, eso duele. Así de tajante resuena uno de los versos más explícitos y rotundos que contiene el nuevo disco de Brainloster. Una reflexión que perfectamente se podría hacer extensible a la carrera de este navarro que, pese a haber acumulado en su currículum proyectos de indudable valía, como Mermaid, Green Manalishi o los más recientes Pow Pow Pows, nunca ha logrado saborear una repercusión del público acorde a sus extensas aptitudes. Una situación injusta pero que como avala la reciente publicación de un segundo álbum bajo su apellido de guerra, ni ha coartado sus ganas de seguir adelante ni sobre todo ha eclipsado lo más mínimo su calidad para llevarlas a cabo. Aceptando por lo tanto esa irremediable, por lo menos hasta el día de hoy, paradójica situación -compartida con muchos otros autores- de recoger más significación entre crítica y compañeros de profesión que del potencial oyente, su determinación sigue sosteniéndose sobre el pilar al fin y al cabo más trascendente: las canciones, ese objeto de deseo que en “Gloria a los vencidos” se presentan como todo un excepcional ejemplo de personal absorción de la tradición del rock clásico.
En el campo estilístico pocas alteraciones sustanciales se pueden encontrar respecto a su predecesor, y debut bajo esta nomenclatura, “Acta Est Fabula”, siendo sin embargo dos grabaciones que resultan bien diferenciadas, o por lo menos en lo que respecta a su aspecto formal, ya que este actual álbum cuenta con una clara baza triunfadora en cuanto a ofrecernos una decena de temas presentados bajo un excelente e impetuoso sonido. De tal mérito no se puede excluir bajo ningún concepto al hecho de que sea la banda Biscuit quien ejerza de aguerrido acompañamiento, lo que sumado a las bondades intrínsecas de las composiciones, las propulsa hasta un auténtico estado de gracia.
Si es cierto que en el imaginario colectivo las aventuras pretéritas de Txetxu Brainloster, a pesar de la variedad con las que siempre fueron regadas, han quedado retratadas con la rúbrica perteneciente a sonidos más duros y pesados, nunca ha dejado de existir en ellas, con mayor o menor perseverancia en cada momento, una condición clásica del género, factor que en esta nueva travesía se ha convertido en eje absoluto. Una dirección musical que alardea, y es algo que de nuevo hay que añadir, al menos parcialmente, en el debe de la puesta en escena propiciado por la formación catalana, de una exuberante y hegemónica presencia de las guitarras, participación que más allá de sembrar una impronta de ruda electricidad se manifiesta con igual destreza a la hora de canalizar ese diestro manejo en la consecución de diferentes ambientes y sensaciones.
Es probable que “Gloria a los vencidos” deje en su discurrir temático un aroma amargo, predominando a veces un estado de ánimo nostálgico en su recapitular de épocas anheladas o en esa inestabilidad con que a día de hoy se mantienen a duras penas en pie algunas verdades otrora intocables. Pero al mismo tiempo existe en ese álbum de fotografías observadas con añoranza un espacio para revelar el ánimo nunca perdido de quien reniega de su condición de abatido, y pese a saberse defenestrado del camino mayoritario, mantiene un paso firme en la construcción de su presente. Las dudas que siempre acaban por agolparse entre las diferentes trayectorias que nos oferta el devenir, son expresadas alrededor del crujiente tacto de las séis cuerdas y un escenario hecho a base de distorsión, en el que no se esconde el galope de los Crazy Horse de Neil Young, en “Otra vez”, donde una base rítmica persistente y la interpretación casi alegórica firma una de las muchas piezas intachables. Un rugido que seguirá expidiendo a través del poderío “stoniano” de “Atado al recuerdo” o por medio de una “Orgulloso” que se viste de afilado y agrio ritmo que no se desprende sin embargo de un semblante melódico. Matices armónicos que se transformarán en un muro de piedra infranqueable en la más rotunda, en forma y fondo, “Eso duele”, un hard rock que nos devuelve a pretéritos proyectos de su autor.
Pero si poderosos son muchos de los vértices que perfilan este trabajo, no menos atractivo resulta cuando despliega el colorido que encierran piezas de un sentimiento más volátil y embriagador. Sin invisibilizar el ya reiterado halago al entramado eléctrico, éste se combina con modelos en los que espolvorea sobre la base de rock tintes de folk o una sutil brisa psicodélica, tal y como sucede en la más popera “El americano”, que a modo de fabula escenifica la caída del mito, o en las representaciones del mejor canon establecido por The Byrds (“Nuestro verde y tranquilo hogar”) o el no menos representativo hermanamiento típico de Big Star entre intensidad y tradición ( “Una arte perdido”), viñetas ambas de melancólico calado. El tema homónimo hace honor a sus galones logrando uno de esos impolutos ensamblajes que parecen actuar de resumen de influencias, desde Flying Burrito Brothers a Love pasando por Buffalo Springfield, y coronado con un estribillo de impacto súbito. Todavía abrirán más el universo referencial del álbum tonadas como la beoda y turbia, en la mejor tradición “kinky”, “Borrachos en la procesión”, o el colofón que supone “Animal Social”, una total inmersión en la marmita donde reside todo el néctar lisérgico y etéreo que facilita rodear de bruma el siempre engañoso camino recto.
A estas alturas nadie va a venir a pedir cuentas sobre la valía de Txetxu Brainloster; la infinidad de oportunidades para degustarla que a lo largo de su carrera nos ha servido representan un aval tan sólido como supuso el propio debut realizado con esta nueva andadura. Pero a pesar de todo, hay en este “Gloria a los vencidos” otro gran motivo, sin apartar por supuesto la indispensable aportación de la banda Biscuit, para incidir en su altísima condición como autor, vertiendo aquí un excelente catálogo de canciones que aceptan el reto de subir al ring para dirimir esa eterna confrontación que todo aficionado a caminar por los márgenes practica entre la resiliencia y el desánimo. Visto el resultado obtenido, solo podemos concluir que Dios guarde a los devotos de los renglones rectos, que el rock acumulado en este descomunal trabajo se encargará de bendecirnos a nosotros, los perdedores.
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