Éste es uno de esos grupos que emergieron durante los noventa reinventando el rock’n’roll inspirado en la tradición y las raíces americanas. Algunos de ellos acariciaron el éxito, otros se quedaron en el camino y Bottle Rockets, si bien estuvieron más cerca de lo segundo que de lo primero, al menos lograron sobrevivir y captar siempre la atención de los seguidores del género mejor informados.
Ahora, tras un álbum de tributo a Dough Sam, nos presentan un nuevo trabajo –co-producido por Warren Haynes de Gov’t Mule- en el que su debilidad por el country, el honky tonk, las guitarras acústicas y la vertiente más calmada de su música, gana terreno claramente a sus ramalazos rockeros. Eso sí, la esencia es la misma y, por tanto, nadie debería sentirse defraudado con este cambio de registro. Harina de otro costal es que se deba escoger el momento adecuado para afrontar la melancolía de “Bagaje Claim”, la soledad que transpira “Mom & Dad” o la tristeza de “Cross By The Highway”, porque estos temas pesan más que aquellos en los que Bottle Rockets flirtean con el rock. Sí, todavía pueden rockear, es sólo que aquí apenas han querido.
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