Lo bueno de caerle bien a Greg Dulli es que va un día y te deja tocar en su disco. Pero si encima te vas de copas con él y le ofreces el hombro educadamente incluso te produce el que tú vas a grabar. Así le ocurrió a Manuel Agnelli, líder de los desconocidos (en nuestro país) italianos Afterhours, portavoces del rock crepuscular de aquella tierras tan malditas pero tan poco dadas a la exorcización guitarrera.
Recapitulemos: Afterhours llevan diez años en esto, tienen cinco álbumes escritos en su lengua natal, son aclamadísimos por crítica y público y ahora quieren dejarse escuchar (en inglés) fuera de su península. Con una reputación tal, el reseñador que firma introduce el compacto y se empapa de baladas sobre decepciones, desencuentros y otros fracasos exitosos con los que abrirse la herida y seguir hurgando. Sonido compacto y letras muy dignas convierten este disco en un secreto a voces que debes comenzar a propagar. En su web dicen: “Afterhours no vendrán a por ti, tú llegarás a ellos”. Pues eso.
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