¿Se puede edificar un muro de sonido que case la querencia por la épica bien encauzada de Arcade Fire o Broken Social Scene con la virulencia de los momentos más robustos de Sonic Youth?
¿Es posible imprimir una discreta pátina shoegazer a un espléndido manojo de temas para acercarlos al retorcido y amargo concepto de la melodía de los mejores Sunny Day Real Estate? Es más, ¿se puede ejecutar tal salto sin red sin experiencia previa y con apenas veinte primaveras? Está visto que la respuesta a todos esos interrogantes es positiva para el británico Michael Feerick, principal responsable de este soberbio álbum, concebido como una unidad, repleto de melodías propulsadas al infinito, interludios anegados por pianos oceánicos, pasajes infectados de violines sicóticos y momentos de tensión desbocada. Seguramente uno de los mejores álbumes de debut que se hayan podido escuchar en años. Habrá que darle infinitas gracias a Geoff Barrow (Portishead) por haberlos descubierto al mundo a través de su sello.
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