Desde que este proyecto y disco cayeron en mis redes, no he parado de darle vueltas al tarro. Uno que ahora mismo está a rebosar de sensaciones vibrantes, que también un poco de apatía. Siendo positivos, gana lo primero. ‘Mārara’ es un disco que propone muchas cosas, pero sobre todo abre una puerta entre lo real y lo imaginario. Una excursión musical a una isla que seguro no existe en ningún mapa. Qué coño, sí que existe, estamos llegando en canoa y según nos vamos acercando a la costa, no dejamos de escuchar una mezcla de R&B quite storm de tintes urbanos, art-pop, electrónica futurista y ritmos de aires isleños. Si ajusto el puntero en el mapa, diría que vence el espíritu del Pacífico (Tahití) y del Caribe (Antillas Francesas).
Para dejarnos llevar un poco más por esta singular propuesta debemos tener presente que el álbum también explora el simbolismo del pez volador suspendido entre dos mundos. De ahí lo que se intuye en la portada, y en todas las artes que rodean el disco. Se percibe que estamos ante un colectivo multidisciplinar plagado de talento, artistas con hambre y donde se implican la música y lo visual.
En lo primero, 15 15 están centrados en construir un universo coherente e inmersivo en lugar de seguir tendencias. Pretenden desarrollar un discurso sin aparentes reglas. Sin embargo, la estructura resulta de lo más consistente. Es importante que procuremos llevarnos por una experiencia musical inmersiva, no se trata de escuchar solo canciones, tampoco un álbum, toca abrirnos de sesera para explorar sin complejos este territorio ficticio. Está claro que cortes como ‘Poison’ o ‘Afa’ ayudarán a llevarnos en volandas dentro de ese ritual. Y otros como ‘_ute marara’ o ‘_))))_’, una leve asfixia.
Instrumentalmente, ‘Mārara’ es muy disfrutable. Con toda la intención del mundo se dan la mano sonidos orgánicos y texturas futuristas. A veces procesados con tal maestría que son casi imperceptibles. Así sucede con algunas pinceladas sintéticas y con sonidos del mar, del viento o de las aves. Vale, y algún gallo mucho menos discreto. Los ritmos bailan -nunca mejor dicho- a medio camino entre un zouk cálido y discreto, y el dancehall de carácter polinesio (incluyendo tambores como los de Rarotonga), casi siempre dentro de un patrón electrónico en absoluto cargante, sí muy detallado. Títulos como ‘Kai Kai’ y ‘Fafaru’ nos lo pondrán a huevo. Las voces, en cambio, son un intercambio de armonías donde pasaremos sin apenas darnos cuenta de momentos de cercanía y emoción (‘Lullabies for Sweet Murders’, ‘Poison’, ‘Queen's Goodbye’, ‘Infinite Beach) con otros más irritantes y desafiantes (‘Take Off Late’, ‘DDKC’).
Conectar con el álbum es conectar con lo insólito. 15 15 son orfebres del arte libre pero preciso. Una nueva puerta que se nos abre en todo el careto para seguir descubriendo culturas y mundos que existen, conviven, entre lo real y lo imaginario.
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