La Sala Urania de Ferrol acogió una noche protagonizada por Zavala (en la foto) y Pulpa, dos nombres de la nueva hornada de la música gallega que evidenciaron por qué merecen ganar presencia y ser cada vez más tenidos en cuenta. Dos propuestas distintas en lo sonoro, pero que se complementaron a la perfección ofreciendo una velada musical muy interesante.
La apertura corrió a cargo de Zavala, con un concierto que fue de menos a más. Desde un inicio contenido y atmosférico, el grupo fue desplegando poco a poco todas sus capas hasta desembocar en un tramo final de clara vocación expansiva, casi de rave, apoyado en los adelantos de lo que será su tercer trabajo. Lo suyo es un espectáculo medido al detalle, con una construcción que atrapa con calma y que encuentra en su discografía un reflejo fiel de todas las caras que son capaces de mostrar.
Esa versatilidad se traduce en un repertorio que alterna momentos más íntimos con otros de mayor intensidad, siempre con un elemento vertebrador incontestable: Carla Romalde. Su actuación fue una demostración de control, matices y potencia, moviéndose con solvencia entre registros muy distintos. Su voz sostiene, guía y eleva el conjunto, hasta el punto de que parece capaz de llenar la sala incluso sin la necesidad del uso de un micrófono.
Tras ellos, Pulpa tomaron el relevo con un enfoque más directo e inmediato. Si el final de Zavala había llevado las pulsaciones a lo más alto, el arranque de Pulpa sirvió para rebajar momentáneamente la intensidad antes de volver a elevarla con un directo muy contundente. Bastaron un par de temas para evidenciar que lo suyo sobre el escenario tiene peso. Presentaron las canciones de su más que interesante debut “Ritos del nuevo mundo” (Auto, 25) junto a material inédito (aunque ya familiar para sus habituales), con una actitud que combinó precisión y disfrute.
La energía, el movimiento de sus miembros y una interpretación sólida terminaron de confirmar aquella teoría que señalaba que son una banda pensada también para el directo, en donde su propuesta crece con naturalidad. A destacar las colaboraciones cruzadas entre ambos proyectos. Algo que no es tan habitual cuando dos bandas comparten escenario, y que fue de agradecer por la frescura aportada, por lo especial del momento y por permitir ver a ambos cantantes interpretando temas en registros distintos a los habituales.
El futuro, como siempre, es incierto —y más aún en la música—, pero citas como esta sirven para recordar que hay vida más allá de los nombres de siempre. Que las salas (como Urania) son lugares donde pasan las cosas, y que propuestas como las de Zavala y Pulpa merecen un espacio que también reclaman desde el escenario.

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