Es de admirar que todo los eventos musicales que surgen a través de la Fundación Walk on Project tengan un plus añadido a la intensidad musical que atesoran. Es ese carácter entrañable que son capaces de transmitir personas como Mentxu Mendieta y Mikel Rentería, luchadores sin fin por el bienestar de su hijo y de todas las personas que, como él, están aquejadas de enfermedades neurodegenerativas clasificadas como raras.
Y es eso mismo lo que representan a la perfección The WOP Band, la banda de Mikel, abriendo cada evento en calidad de lo que son, humildes anfitriones de una velada que sabemos irá creciendo en intensidad. Aun con un día menos que en anteriores ocasiones, pero con un cartel igual de adictivo, el WOP Festival necesita de este comienzo porque ya es su seña de identidad. Desde su inicio con “Walking on the sun”, desde los dejes guitarreros y vocales que les emparentan con las músicas de Steve Wynn o Bob Dylan, uno sabe que ellos no ponen únicamente canciones encima de un escenario, sino que es parte de su corazón y su vida lo que deciden entregar. Por eso un escalofrío recorre el cuerpo cuando suena la belleza de “Sigue pintando”, el “Today is my future” que propició hace meses el mayor y mejor flashmob que nunca se haya realizado en Bilbao o ese adelanto de su próximo disco, “13 de octubre”, fecha en que un diagnóstico médico cambió para siempre la vida de una familia. Y para bien, cambió también en parte la vida de una ciudad capaz de volcarse con cada una de sus iniciativas.
Tomaron el relevo Sonic Trash, nacidos hace algo más de dos años de las cenizas de Ya Te Digo y plenamente identificados con su nuevo nombre. Son una apisonadora sónica y sucia, desde el momento en que comienzan los compases de “Nelandertal”, una fusión incestuosa de punk, velocidad y ruido, del modo en que llevaron esta trinidad a lo más alto unos Lagartija Nick, pongamos por caso. Intercalando el inglés con el castellano, como en su primer disco “Hey Chica!”, se recrean en las aristas cortantes de “Roller Jack”, echan alguna mirada a su reciente pasado y alcanzan toda su fiereza en su primer single, la pura bofetada de “Cabronazo”, para cerrar con una tórrida revisión del “My generation” de The Who. De la misma trinidad sónica apuntada, pero más cercana al garage y al noise, Capsula se encuentran en un momento óptimo. Su reciente “Solar Secret” les permite continuar los juegos ruidistas y con más de una referencia esotérica que llevan años planteando. Los sones de “Constellation Freedom” lo apuntan, los ritmos cortantes y pesados de “Dark age” terminan con un bajo y un bombo hipersaturados capaces de hacer retumbar tus entrañas, el blues oscuro y cavernoso de “Seven crimes” permite a Martín sus habituales diatribas sobre nuestra condición de esclavos, y entre invitaciones a bailar pogo y las guitarras trotonas de “Flood”, terminan en una bacanal de feedback con Coni maltratando con sus botas la guitarra, dejando el indescriptible sabor de lo contundente.
Aunque si de lo que hablamos es de sueños tórridos, normal que no apartemos la vista de los meneos escénicos insinuados por las generosas curvas de Lisa Kekaula. Esta mujer siempre ha sido magnética, en cualquiera de los proyectos en los que ha colaborado, o con su banda madre, The BellRays, miembros de pleno derecho de la jerarquía del punk’n’soul. Y continúa siéndolo en su nueva andadura como Lisa & The Lips, junto a la guitarra de su inseparable marido Bob Vennum y un grupo de músicos con amplia presencia española. Y son el soul y el funk, bien regados de aromas sureños, los que campan a sus anchas entre una sección de vientos que da carnosidad al combo, algo encorsetado en el principio, pero que comienza a quemar octanos cuando arremete la guitarra plena de efectos wah-wah y ritmos funky de “You might say”, la portentosa voz de Lisa en la balada “It only takes a little time”, su espléndida revisión del “Rock steady” o el rock-soul sureño de “Black board”. Es ahí donde definitivamente salta el carácter de la señora, espetando al público a hacer algún ruido que les demuestre que no están en un martes sino en un viernes noche. Ante la tímida respuesta, Lisa opta por darla por buena, más cercana a un viernes, aunque sea simplemente por la mañana, y se lanza a su particular lectura del “Going down” a ritmo de boogie cavernoso, la espectacular y sabrosa “Mary Xmas” y el ritmo funk de “Stop the DJ” como presentación de la banda y cierre del show.
Tras un delicioso prólogo por parte de su bajista actual, Lightnin Malcolm, a base de boogie y blues en formación de hombre orquesta, ya con los hermanos Luther y Cody Dickinson en escena, North Mississippi Allstars (en la foto) demuestran que actualmente son unos lunáticos alquimistas de todos aquellos sonidos que nacen de los pantanos del Mississippi, de las esencias del blues, de los ritmos que crean boogie con resonancia folk, de una América tan profunda como inquietante, entre fantasmagórica y violenta. Con una presencia percusiva descomunal, llegando a tomar los tambores entre los tres para desfilar entre el respetable con Cody tras una nariguda máscara veneciana, hoy por hoy lo suyo es la zambullida abismal en todo lo que significan sus orígenes, los que mamaron desde la cuna al lado de la mesa de mezclas de su padre, el gran Jim Dickinson. De una expresión de él han tomado el título de su último disco, “World boogie is coming”, y a este nuevo advenimiento se entregan con la pasión del estudioso. Una completa actualización nacida de la propia raíz, la del “Rollin’ n Tumblin’” con banjo casero construido con lata de puros, a la técnica del fingerpicking para que Luther extraiga belleza ruda de su instrumento, ya sea a ritmo de hillbilly country o boogie contumaz. Y un homenaje constante a cuantos quisieron tornar el blues en una música viva en pleno siglo XXI, comenzando con su adorado R.L. Burnside y continuando por Otha Turner, capaces de recrear el hip hop blues de “Granny, does your dog bite” con arañazos de guitarra emulando el scratch de un DJ alucinado, paseos reposados por “Meet me in the city” contrastando con tablas de lavar distorsionadas a ritmo de pedal, intercambiándose entre ellos todo tipo de instrumentos, como en “World boogie”, auténtico manifiesto de su actual propuesta. Una historia de la música americana trasladada al directo de una manera apabullante.
Yo llegue bastante tarde y todo lo que vi me encanto, los NMAS estuvieron a una altura inconmensurable y el rato que pasamos con Lingnin Malcom fue delicioso y desde luego muy corto, fantanstica reseña amigo.
Saludos.
Estupenda crónica!