“A ver si voy a ponerme a llorar”, dijo Enric Montefusco, rendido ante el público, el lugar, la ocasión y su historia, en definitiva. Los chicos de Standstill no olvidarán la noche del Joy Eslava, y lo que es más importante, la gente posiblemente tampoco. Pienso en ese grupo apabullante que recordaba a Refused y me sorprendo viendo la entrega de una teatro lleno de amantes de la música en general, como dice Eric Fuentes, desde viejos fieles del hardcore hasta rockeros y niñas pop tarareando los despertares de Montefusco en esos relajados arranques que caracterizan la segunda etapa de la carrera de este grupazo. Con tanto ingrediente bien repartido, con tantas ganas de celebrar el concierto, las canciones de “Vivalaguerra” sonaron vivas y grandes y muy bien iluminadas (literalmente). Seguramente son más eléctricas de lo que parecen e incluso los más nostálgicos debemos reconocer que en fuerza pueden competir con aquellos días de “Memories Collector”. Desde luego los superan en creatividad, innegable, el gran valor de estos músicos. Se hizo un poco más difícil encajar que el retrovisor sólo diera para “Dead Man Picture” y no, por ejemplo, para un poco de tormenta con “Not The Place”. Pienso que a los viejos fans se les deben estas cosas en una ocasión como la de la otra noche, pero el pensamiento es fugaz ante tal exhibición de valentía. Era el día de sacar brillo al riesgo, al disco blanco, de celebrar a coro “¿Por qué me llamas a estas horas?”, “Noticias del frente” y “La mirada de los mil metros”. A la fiesta se sumaron las mejores canciones del disco marrón homónimo, el punto de inflexión que define a Standstill: “Feliz en tu día” lo llenó todo y “Cuando” cerró un concierto redondo, especial. Qué pena les dio terminar.
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