Un show tan extraño como contundente
ConciertosTom Morello

Un show tan extraño como contundente

8 / 10
Adriano Mazzeo — 13-03-2026
Fecha — 11 marzo, 2026
Sala — Deseo, Bueno Aires (Argentina)
Fotografía — Cedidas por PopArt

Mientras un gran puñado de nostálgicos esperan una nueva vuelta de Rage Against The Machine, la vida continúa con Zach De La Rocha produciendo un documental sobre los bajos fondos del punk angelino y con Tom Morello girando en solitario. Realizando un recorrido sobre el particular relieve que engloba toda su carrera artística. Así fue que recaló en la sala Deseo, emplazada en una zona fabril -con destino hipster en cero coma- curiosa y estratégicamente ubicada en la capital argentina.

La coyuntura que rodea siempre a Tom Morello está signada de majestuosidad intergeneracional dictada por algunos de los riffs más increíbles jamás creados y muchos tipos de desconcierto. Básicamente su mayor arte hoy es, aún con todas estas señas confusas, lograr dar un concierto consistente o que al menos deje al público saciado.

El show comienza con el épico-rozando-lo-hortera “Soldier in the Army of Love” y explota con el primer medley de RATM. Es alucinante vivir el hecho de que el repertorio de la banda creó un lenguaje que incluso puede prescindir de las geniales líneas líricas y vocales de Zach De La Rocha: todo revolucionado con un sonido de guitarra. El público desafía sus ciáticos a tempo de “Testify”, “Take the Power Back” y “Freedom”.

El show vuelve al tenor autobiográfico y recorre temas de todos los  proyectos del guitarrista con distinta suerte: los de sus discos solistas “rockeros” quedan diminutos al lado de los riffs que acabamos de escuchar gentileza de RATM. Sin embargo, y casi paradójicamente, los temas de su alter ego singer-songwriter The Nightwatchman dan textura y alma a un show que de momentos es un hervidero de pasión, y otros un espectáculo demasiado standard. Y es que hay mucha contradicción en Morello desde que en sus años mozos declaró que él editaba su música en Sony “porque al capitalismo hay que combatirlo desde dentro”. Lo cierto es que nunca supo escapar del todo del doble sentido.

Si bien es loable el esfuerzo que hace allí donde vaya por acercarse a las clases obreras y sus luchas (esta visita a Buenos Aires no fue la excepción), hay otras actitudes que también hablan y, no diría que generan dudas, pero quizá sí algo de ruido. De momentos su predicación insistente puede cansar. A ver, si tienes entre 35 y 55 años (como era el promedio de edad en este concierto) y te gastas tu buena pasta para ver a Tom Morello, es muy probable que no seas un fascista de derechas. No debería hacer falta que el guitarrista necesite quitarse esa duda con preguntas insistentes en plan “¿Quién de aquí odia al fascismo?”.

Por otra parte, hay algo en la configuración de su show que tampoco lo aleja de ese doble sentido casi polémico: él es la estrella total y absoluta del show. Sus acompañantes (que no compañeros) son tres espectros que hacen bien su trabajo -salvo por el baterista que no tiene la potencia suficiente como para que no extrañemos todo el rato a Brad Wilk- pero básicamente no son nadie en este show: ni siquiera Morello los presentó al público ¿Es eso una actitud humanista y cercana? Se atreve uno a preguntar. Por cierto, muy buena la versión-homenaje a Chris Cornell de “Like a Stone” cantada por “el guitarrista de apoyo”.

Todos estos detalles parecían no importar demasiado a un público entregado a un artista que es único en su especie y tiene, ahora sí, valores interesantísimos en su concepción de la música. Porque mientras el tipo podría tocar como los máximos virtuosos de la guitarra del rock -llámese Steve Vai, Joe Satriani, etc- elige privilegiar el protagonismo de la emoción: sus solos no son meras demostraciones de habilidad, son ventanas a sentimientos y formas de pensar fuera de la caja.

Como buen corolario del carrusel de sensaciones que fue este show, el final lo tuvo todo: Morello saliendo a escena con el modelo 2026 de la camiseta de la selección argentina con el dorsal 10, pero que no ponía “Messi”, sino “Maradona” (¿habrá tenido que ver el encuentro oficial del equipo del astro argentino con Trump la semana pasada?). Allí mismo la explosión de almas con “Killing in the name” cantada por el desaforado público porteño, la luminosa versión del “Power to the people” de John Lennon y el meme de la noche cuando dijo “Mañana seremos los mismos luchadores de siempre por la verdad y la justicia, ¡pero hoy estamos de fiesta!” y lanzó una versión exacta del “Rock n Roll all nite” de Kiss.

Podremos sacar conclusiones de distinto tipo al salir de la sala, pero es difícil negar que las contradicciones son naturales y parte de seres humanos que pueden inspirar a otros con shows extraños pero contundentes y especiales como este.

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