Lo tuvieron todo menos éxito. Su actitud era agresiva e irreverente; sus conciertos, míticos e intensos... Tenían talento y glamour; tomaban prestado de sus ídolos, pero manteniendo una fuerte personalidad propia... y, ante todo, contaban con un buen puñado de grandes canciones. Como este mundo es injusto, se quedaron en grupo de culto con aura de perdedores y se separaron hace ahora ocho años. Desde entonces, algunos confiábamos en volver a disfrutar con los Dogs al completo interpretando sus clásicos (Tyla en solitario se prodigó mucho, pero no era lo mismo). Y por fin llegó el momento de la reunión, con Share (esposa de Bam), encargándose del bajo a la espera de que Steve James pueda incorporarse a la formación. Había escepticismo entre muchos de los antiguos fans ante esta nueva cita, pero pronto se despejó cualquier atisbo de duda. Los Dogs actuales no son aquel grupo al que los excesos alcohólicos llevaban a situaciones caóticas. Tyla ya no bebe, ni desde luego se autolesiona en escena, pero en contrapartida canta, toca y se mueve más y mejor que nunca. Share, por su parte, encaja en el grupo a la perfección con su estilo enérgico, mientras Jo y Bam -sobre todo este último- también parecen estar en plena forma. Con una banda así, totalmente motivada y un repertorio como el de los Dogs sólo podía darse un concierto emotivo y vibrante. Y así fue, a pesar de que la brevedad del show dejara fuera del set-list joyas como "Johnny Silvers" o "Billy Two Rivers". Una lástima, aunque antes de buscarle “peros” a la velada, sin duda nos quedamos con el clímax final de la fantástica "I Don´t Want You To Go".
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