Su estatus de plato fuerte del festival, sumado a que solo tocasen un día en Madrid, provocó que el Círculo de Bellas Artes completase su aforo casi 2 horas antes del comienzo del concierto. Norman Blake y los suyos ofrecieron, como acostumbran, un directo sobrio y convincente. Ordenado, sin fisuras y con un setlist acorde a lo que puede esperarse de una banda con su trayectoria. Abrieron recordando el "Songs From Nothern Britain" con ‘Stars Again’ y se centraron en su último trabajo, el brillante "Shadows", hasta que al quinto tema llegó el hit que muchos estaban esperando con Don’t Look Back, del "Grand Prix". A partir de aquí comenzó un viaje por los noventa, una década que ayer recuperó todo su esplendor gracias a "Bandwagonesque" o "Thirteen", discos que han definido momentos claves y que canciones como The Concept (que coreó toda la sala) convierte en imperecederos. Y de la nostalgia, a la actitud y malditismo de Triángulo de Amor Bizarro. Los gallegos, que ya habían tocado la noche anterior, comenzaron quejándose de lo tarde que era, pero no tardaron en despejar cualquier duda sobre la contundencia de su directo. Especialmente carismática estuvo Isa, la cantante y bajista, que se presentó advirtiendo que iba vestida de torera muerta y que, en comunión total con su batería, pusieron a bailar (y a temblar) a toda la sala de columnas a base de acelere y distorsión. Sonó mucho de "Año Santo", pero los más agradecidos volvieron a ser los temas de su primer álbum como ‘Quiénes son los curanderos’ y, sobre todo, la canción de cierre ‘El crimen: cómo ocurre cómo remediarlo’, convertido en suerte de himno generacional gracias a esa frase de precisa lucidez corrosiva que es ‘llevar navaja siempre es conveniente’.
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