TANNED TIN 2005
ConciertosTanned Tin Festival

TANNED TIN 2005

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02-12-2005
Fotografía — Archivo

La edición de 2005 del Tanned Tin presentaba una gran novedad, un cambio de ubicación (de Santander a Castellón) que para nada ha afectado a uno de los festivales más singulares y selectos de nuestro territorio. La fiesta de presentación del jueves quedó un poco deslucida por la falta de público, a pesar de contar con Nacho Vegas como cabeza de cartel. El viernes (con una afluencia de público ya respetable) abría la jornada del viernes Alasdair Roberts. El escocés dejó a la audiencia con ganas de más al interpretar únicamente tres temas acompañado sólo de su guitarra. Su último disco, “No Earthly Man”, mereció una mejor presentación. 12twelvepresentaban un álbum para Acuarela por el que aún tendremos que esperar un par de meses. Por lo visto allí, ahondarán en un jazz cada vez más correcto y alejado del experimento rock, que sólo recuperaron cuando Lou Barlow se sumó al cuarteto para despedir el concierto con el “Gimme Indie Rock” de Sebadoh. Nadie entendía demasiado qué hacían Hella en el festival, e incluso atrajeron a su particular grupúsculo de fans, pero poco nos importó cuando asistimos alucinados a semejante bacanal de noise-hardcore con protagonista propio incluido. Desde ya: Zach Hill es el mejor batería del mundo. Brutales, y tan sobrados de energía que incluso se atrevieron a repetir al cierre del festival por la caída de cartel de Gang Gang Dance. Una vez finalizada su salvaje actuación, apareció Archer Prewitt para presentar en un show breve e íntimo las canciones del notable “Wilderness”. Windy & Carl hicieron tres canciones para mostrar todas sus caras: la shoegazer (encantadores), la ambient y experimental (profundos y muy interesantes) y la folk (coñazo). Por su parte, Lou Barlow ofreció uno de los conciertos más memorables de esta edición. Traía bajo el brazo su último disco, “Emoh”, y con su guitarra y un teclado emocionó hasta a los fans de Hella ahí reunidos. Howe Gelb intentó repetir lo de Barlow pero se quedó corto, su set, desigual y algo caótico, desmereció sus increíbles dotes para deconstruir la música de raíces norteamericana. Para acabar la noche, Herman Dune junto a Julie Doiron protagonizaron la actuación que para muchos acaparó los mejores momentos del Tanned Tin 05. Para el que esto suscribe no tuvo más calificativo que el de bodrio pseudo-hippy. Destrozaron el maravilloso cancionero de la canadiense aumentando las revoluciones y llevándolo al terreno del rock costroso que practica el trío, se alargaron inexplicablemente y terminaron jugando al campamento de boy scouts con el público. El sábado comenzaba la jornada con Nisei. Sus nuevas canciones hacen esperar cosas muy buenas en el futuro. Tras ellos The Broken Family Band (los nuevos Clem Snide, tiempo al tiempo) nos hicieron bailar (¡por fin!) con su sabia apropiación del pop y el country clásicos yanqui. La interpretación de uno de sus hits, la tremenda “John Belushi”, fue uno de los momentos del festival. Aunque no se pudo bailar con Final Fantasy, su actuación fue toda una revelación. Su personal pop de autor de cariz orquestal y minimalista es de lo mejorcito de la actual escena indie pop. Colleen protagonizó los minutos más arriesgados del festival y la consecuencia fue la fuga de público. Su puesta en escena sigue siendo espectacular en su minimalismo, cajas de música, chelo, melódica y guitarra tratados, superponiéndose en forma de loop… y estropeados por unos graves que saturaron en todo momento. Sam Prekop mejoró moderadamente lo que su compañero Archer Prewitt -que le acompañó a la guitarra- había demostrado el día anterior. Concierto aburrido, que al menos tuvo momentos de tributo a la banda madre, The Sea & Cake. La Breut vino esta vez acompañada de una pequeña banda que resultó más que correcta y demostró lo poco brillante de su repertorio más reciente. Echamos de menos a Dominique A. Animal Collective acudían a Castellón para presentar su última maravilla, “Feels”, y nos dejaron atónitos y alucinados con un directo de los que se recuerdan para siempre y en el que demostraron ser unas de las rara avis más sólidas del mercado discográfico actual. El espíritu de Suicide, The Flaming Lips y el Julian Cope más marciano recorrió un show que muchos no pudimos acabar sentados.

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