Suedando la gota gorda
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Suedando la gota gorda

9 / 10
Daniel Gómez-Cortazar — 19-03-2026
Fecha — 16 marzo, 2026
Sala — Santana 27 (Bilbao)
Fotografía — Eider Iturriaga

La primavera está a punto de llegar y con ella las ganas de salir al mundo exterior. Esto se notaba ya el lunes 16 camino de Santana 27 entre los cientos de personas (sold out!) que acudieron en tropel a disfrutar del espectáculo “Dancing with the Europeans Tour” de los británicos Suede.

Quince minutos antes de lo anunciado salieron a escena los escoceses Swim School liderados por la fotogénica Alice Johnson. Lo dieron todo en su corto show, con un sonido arrollador y una mezcla perfecta —gracias al técnico— lanzando dardos sónicos de la escuela de los siempre geniales Wolf Alice, pero con más garra. Con canciones como “On and On” o “Green Eyes (Want it all)” pudimos entender que sus temas están más orientados a las texturas y al ritmo (enorme sonido de batería) que de conseguir el estribillo perfecto. Cerraron con la cañera “Heaven”, cuyo estribillo nos trajo a la memoria “Salvation” de The Cranberries.

A las 21:00 los londinenses Suede ocuparon sus puestos ante los vítores del público. Abrieron con “Disintegrate”, pildorazo de su último disco “Antidepressants”. Su propuesta de usar su música como antidepresivo frente a la desconexión del mundo digital parece haber calado en el respetable, que cantó la letra del estribillo con la misma pasión con la que luego entonaría los clásicos. El sonido post-punk a lo Psychedelic Furs del álbum brilló también en la canción que da título al último álbum.

El inagotable frontman, luciendo impecable camisa blanca—destinada a empaparse en sudor— pronunció por primera vez el lema “Welcome to Suede World” (bienvenidos al mundo Suede). Siguió el primer trío de ases clásicos, cuyas letras transitan entre la sordidez de la basura (“Trash”), de las drogas (“Animal Nitrate”) y la fealdad porcina (“We Are The Pigs”). La banda es capaz de crear un show muy dinámico, en el que alternan lo antiguo con lo más nuevo—pasaron a “Personality Disorder” de su álbum más crudo “Autofiction”— y combinando trallazos rock con baladas como “Pale snow”. Brett Anderson parece tener un pacto con el diablo y se mueve en el escenario con la energía de un veinteañero: animando al público a dar palmas en joyas glam como “Filmstar” o “Just Can't Get Enough”, y clavando varias veces las rodillas en el suelo con gran teatralidad.

Su voz también está en un inmejorable estado de salud, como demostró en “The Asphalt World”, a dúo con Neil Codling a las teclas. El momento de participación volvió con “Everything Will Flow”, tras la cual retomaron la angulosidad de éxitos como “So Young” y “Metal Mickey”. Anderson no paró de moverse cual fiera indomable durante todo el concierto, paseando su imagen de galán—entre Alain Delon y Bryan Ferry, como se comentó con acierto entre las asistentes.

La banda al completo mostró una solvencia increíble ofreciendo un espectáculo muy eléctrico. Después del momento álgido con “Beautiful ones” en el que todos gritamos “lalalalala” y bailamos sin parar, se despidieron al ritmo de “Dancing with the Europeans”. Un perfecto equilibrio entre la nostalgia de la juventud y la actualidad de sus dos últimos discos.

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