Un concierto correcto para presentar, ante la flor y nata de los media en Madrid, el que tal vez sea el Lp más controvertido de su carrera. Abrieron con «Electricity», donde Neil Codling no dudó en dejar por un momento los teclados para pasarse a la guitarra. «Coming Up» no tardó en aflorar; entre brillantes momentos de su último trabajo, como lo fueron, entre otros, «Everything Will Flow», «Indian Strings» (los dos temas que más disfruté) y «Elephant Man», intercalaron «She», «Lazy», «Beautiful Ones» (sin duda, el más celebrado), y «Saturday Night». No rescataron ningún tema de sus dos primeros trabajos. Seguramente síntoma inequívoco de una autoimpuesta actitud regeneracionista del grupo. Richard Oakes, pletórico, mostró alguna pose a lo guitar hero y no pudo evitar recordarnos a The Edge en sus rasgueos (y, en general, a los U2 de los noventa en el sonido de «Head Music»). Ciertamente, a Brett le costó un poco calentar motores una vez comenzado el concierto. Luego, no pudo estar quieto ni un momento: no dudó en arrojar el micro al entusiasmado público y demostró de nuevo la bestia escénica que es metiéndose al público en el bolsillo hasta el punto de que, cuando se atusa un poco el peinado, algún fan se desmaya. De todas formas, disfruté bastante más en su anterior visita.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.