Pocos grupos hay en este país con la capacidad de superación de Standstill. ¿Cuántos pueden presumir de haber dado pasos tan agigantados entre cada uno de sus cinco discos hasta la fecha? ¿Cuántos han sabido evolucionar en lo musical de manera tan pasmosa? Hechos fehacientes a los que nos remitimos y a los que habría que sumar también esos loables intentos por aportar algo más a un concepto tan manido y lleno de tópicos como es el del concierto de rock en directo. Así que, con antecedentes ya de sobras reconocidos -Mercat de les Flors, un bosque gerundense...- el caso de la presentación del espléndido “Vivalaguerra” no debía ser menos, volviendo así a ofrecernos algo especial gracias a un espectáculo en el que, paralelamente a la ejecución íntegra de su última obra, se daría una singular puesta en escena. Si bien sacrificaron las reglas básicas de la acústica de salas –nunca escoger una sala circular (y mucho menos con cúpula)- por lo conceptual –integración con el público (disposición en círculo alrededor del público), dualidad individualidad/conjunto…- el resultado, aunque adoleció de cierto carácter de estar por casa, bien debería figurar como ejemplar en sus intenciones por regalar algo distinto. Un show que atrapó en todo su trayecto pero del que sobre todo destacó ese happening final que fue “¿Por qué me llamas a estas horas?”, con su vocalista Enric en el centro de la pista rodeado de un público a esas horas ya levantado del suelo: tremenda fiesta final y sin duda el mejor tema de la noche. Más tarde, tres bises de su álbum homónimo y un curioso documento audiovisual con la participación de los antiguos ex-miembros de la banda remataron una noche brillante, sincera, emotiva y, como no podía ser menos en ellos, inteligente.
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