ST FELIU HARDCORE FESTIVAL
Conciertos

ST FELIU HARDCORE FESTIVAL

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12-09-2002
Empresa — Atzavara Club
Sala — Atzavara Club
Fotografía — Archivo

La consolidación del Sant Feliu HardcoreFest como cita ineludible es un hecho ya incuestionable y la prueba fehaciente de que las cosas bien hechas deben tener repercusión. Este año, un cartel bastante más plural que en anteriores ediciones, representativo de la actualidad de un género en permanente y notoria evolución, evidenciaba que la exclusividad no está reñida ni mucho menos con la variedad. Aún así, las numerosas y acostumbradas cancelaciones de última hora venidas con la caída de Ownfigth, Brazen, Angel Crew o Dead Blue Sky desestabilizaron la selección hacia el bando más soft, algo que en último término, como tristemente veríamos, acabaría por provocar la polémica. El pequeño recinto del Atzavara Club sirvió para dar el grito de salida al festival. Los sonidos metálicos de Inside Me, el emo excesivamente arquetípico aunque gratamente eficaz de Becker y el punk politizado de Fuerza de Lucha significaron el preludio al show de Qualude. Una de las mejores actuaciones vistas en los tres días, que los alicantinos adecuaron con su repertorio más enfervorecido ofreciendo un espectáculo obsesivo, crudo y de una intensidad aturdidora. Algo que tendría continuidad en los conciertos altamente enérgicos de Shanty Rd, cuya calidad e inquietud husmean por los rincones más complejos del sonido DC, y en el grindcore delirante y feroz de Coche Bomba. La segunda jornada venía con el cambio a un recinto mucho más grande y, con ello, a un equipo mucho más potente cuyo exceso de watios originó la pérdida de matices en algunas bandas. Tras el punk infantiloide de Without, Audience nos sorprendían gratamente con un post-rock que transita por muchos lados pero cuyo atractivo reside en estar siempre supeditado a su personal estilo. One Man And His Droid dieron la nota más relajada del día discurriendo con perseverancia por los límites del emo y el pop con simple corrección, para luego Aina concentrar al mayor número de gente delante de escena y volver a deleitarnos con otro concierto de los suyos. Su desenvoltura en las tablas sobrepasa cualquier expectativa y, pese a no aportar ninguna sorpresa siguen enganchándole a uno a la primera. Oil entusiasmaron por su entrega y profesionalidad, y ni los problemas de sonido llegaron a empañar la brillantez de su hardcore-punk. La nota dicharachera la aportaba unos minutos más tarde el emo-rock de los alemanes Pale con un show tan vivaz que tuvo como fin de fiesta al escenario inundado de un público totalmente entregado y un caos que provocó el júbilo colectivo. La guinda la pondría Hitch, con su post-hardcore lleno por un igual de momentos agresivos y sensibles, finalizando con los otrora melódicos Amphetamine Eaters. El sábado se iniciaba con los potentes Moksha, gran banda metálica que demostró no tener nada que envidiar a nadie, a la que siguieron el punk melódico de Wallride y el emo-pop de Monochrome, que aún siguen sin saber plasmar lo que en disco saben hacer maravillosamente, por no hablar de su lado más coreográfico, rozando lo risible. Tras la aparición inesperada de los principiantes Cube en sustitución de Angel Crew, Tokyo Sex Destruction se desmarcaron como toda una revelación. Y no porque su estilo -un cruce entre Make Up y MC5- sea especialmente imaginativo, sino porque su directo tiene un poder de atracción poderoso e inusual para un grupo primerizo. Algo que se quedó en mero aperitivo con la salida a escena de The Dismemberment Plan. Soberbia actuación de un combo estimulante e imaginativo que generó la controversia entre los sectores más fundamentalistas. Abucheos y pancartas de protesta mostraron el enquistamiento musical y la garrulez de cierto sector del público únicamente preocupado en discernir si el calificativo de hardcore para el festival era adecuado o no. Suerte que estaban allí No More Lies para apaciguar los ánimos. La fuerza a la que nos tienen acostumbrados sirvió para entusiasmar y remover lo suficiente al gentío, versión final de Ramones incluida. Afortunadamente Arkangel llegaron con el tiempo justo para rematar el evento con su denso thrash-metal que usó y abusó de la distorsión engendrando un inmenso corro donde los habituales molinillos acabarían por quemar los últimos litros de adrenalina. Mientras, parecía que el asenso volvía a florecer en los ánimos de los asistentes. Paradojas de la vida.

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