Después de dos aperturas de Sónar algo deslucidas en las últimas ediciones (faltaba cohesión entre Fennesz, Pan Sonic, Hawtin e incluso el propio Ryuichi Sakamoto con la orquesta barcelonesa), el inicio de este año fue de lujo con Sakamoto y Alva Noto reproduciendo las magistrales composiciones que les han unido en estudio y rayando la perfección más melancólica. Una de las actuaciones más esperadas del jueves durante el día era la de Tunng, que presentaban “Comments Of The Inner Chorus” frente a un público poco dado a florituras folk, pero acabaron conectando no se sabe si por su aire hippie, por sus canciones o por esa actitud tan campechana de la que hicieron gala desde el principio. También gozaron de excelente acogida los barceloneses 12twelve, que convencieron con su free jazz y con una energía que conforme pasa el tiempo saben manejar con mayor destreza. Pasando al viernes, el recinto del CCCB presentaba ya una buena entrada a eso de las tres de la tarde, con un valiente D.A.R.Y.L. pinchando IDM en el escenario Village. A pocos metros de allí, en el Dome, el showcase del sello Mosz sorprendía por la puesta en escena de unos Kapital Band 1 que se bastaban con un portátil y una batería para animar al personal con su electrónica friki. Aunque quienes realmente caldearon el ambiente fueron Scissor Sisters, invitados sorpresa en el escenario principal y que hicieron votar a los cientos de almas que minutos antes yacían tumbados en la moqueta al ritmo de su incontestable hit de préstamo “Confortably Numb” o algunas piezas nuevas como el single “I Don’t Feel Like Dancing”. Minutos más tarde, la catacumba moderna del Sónar Hall vibraba con el rotundo directo de unos Liars que bordaron una de las mejores actuaciones del evento, logrando algo así como un cruce imposible entre Gang Of Four y Neu! con actitud netamente punk. No les faltó tampoco carácter a las melosas Gustav y su pop electrónico de sobremesa (todavía dentro del muestreo de Mosz), ni a la buena de Barbara Preisinger que calentó la pista del Village con ritmos techno dub antes del magnífico concierto de Pole, que también tiró de dub, sí, pero mucho más pausadito. El sol caía, las horas pasaban y los galos Birdy Nam Nam invitaban a los primeros bailes con su turntablismo alejado de clichés hip hop. El Señor Coconut incitaba también a la fiesta no muy lejos de allí pero de manera muy diferente, con sus versiones de la Yellow Magic Orchestra en clave de “electro latino”. Ya por la noche, Rahzel abría el fuego en Sónar Club con su beatbox a ratos entretenido pero que terminó por hacerse ciertamente pesado. Todo lo contrario que un Dj Cruz que encandilaba cientos de paisanos nipones (y también al resto) en el escenario Park mezclando melodías autóctonas de su país natal, electrónica y hip hop abstracto. Sin duda, una de las actuaciones más esperadas fue la de Chic. Nile Rodgers, sus músicos de lujo y sus coristas no solamente repasaron su cancionero (“Freak Out” hizo enloquecer a la audiencia), sino que acudieron a clásicos compuestos por Rogers y el malogrado Bernard Edwards para otros artistas como Sister Sledge (“We Are Family”), Diana Ross (“Upside Down”) o Sugarhill Gang (“Rapper’s Delight”), a lo largo de una actuación que sonó como esperábamos. Nightmares On Wax volvían a poner la palabra dub en nuestras bocas minutos antes del esperado directo de Laurent Garnier y sus colegas Philippe Nadaud y Bugge Wesseltoft, que no colmó nuestras expectativas, deambulando entre el downtempo, el drum & bass y finalmente, eso sí, una épica reinvención de “The Man With The Red Face” de más de diez minutos de duración. Más tarde, pudimos comprobar que también le faltan todavía tablas al proyecto hip hop de Dj Shadow, todo lo contrario que a un Kenny Dope que tiró (sorprendentemente) de rimas de la vieja escuela y unos Sasha y Satoshi Tommiie que supieron leer a la perfección sus respectivas pistas con los primeros rayos de luz ya despuntando. Jeff Mills volvió a darle al piñón fijo ante el delirio de buena parte de los asistentes, el problema es que de tanto tenerle por aquí se nos están acabando los adjetivos. El año que viene mejor se toma un respiro y volveremos a verle con muchas más ganas. El sábado, con las inevitables legañas en los ojos, la electrónica preciosista de los italianos Retina.it fue la primera en llamar nuestra atención dentro del showcase de Hefty, justo antes de presenciar el que fue otro de los conciertos clave del este Sónar, el de los neocelandeses Fat Freddy´s Drop, que rayaban la perfección en más de hora y media de abrumador dub (y seguimos con la palabrita) actualizado a los tiempos que corren. El japonés Nobukazu Nakemura, sorprendía en el escenario Complex con su complicada propuesta sonora, lo mismo que un Schneider TM que sigue practicando su bonita indietrónica, ahora salpicada de guiños glitch. Así, y con la oscuridad ya como protagonista, volvíamos a disfrutar de una noche que no daba descanso desde el primer instante. Hot Chip, con su nuevo disco, “Warning”, y su consecuente repertorio bajo el brazo, justificaban su segunda presencia en el festival con un directazo cargado de recurrentes escribillos y electrónica de juguete. Allison Goldfrapp y su banda consiguieron meterse a la gente en el bolsillo gracias a un repertorio basado en su segunda etapa, la más digamos electroglam, y mucho petardeo. Las bailarinas invitadas no hicieron más que hacer dotar de mayor atractivo a su show. Isolée era cortado por la organización justo cuando llegaba al momento álgido de su directo (nos quedamos sin “Beau Mot Plage”). Pigna People clavaron su live act repleto de melodías de descendencia detroidiana y Audion repartía maximal para deleite de miles de danzantes, receta ésta que repetirían poco más tarde Richie Hawtin y Ricardo Villalobos en formato sesión y con la competencia directa de unos “reggaetoneros” Modeselektor que fueron una de los sorpresas de la programación de un Sónar (una vez más) plenamente disfrutable. De todas formas, si una actuación queda para el recuerdo, no cabe duda que se trata de la que compartieron Diplo y A-Track, Dj habituales de M.I.A. y Kanye West, en un duelo en la cumbre que nos lo hizo pasar en grande. Sobre un colchón de bases hip hop desplegaron la efectividad pop de Bangles, New Order, Marvelettes o Beatles, además de canciones de sus jefes. Los grandes triunfadores del Sónar 2006.
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