Siempre alerta
Conciertos

Siempre alerta

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03-10-2014
Empresa — Colectivo Laika
Sala — Laboratorio de las Artes LAVA
Fotografía — Raúl Julián

Fiel a su cita anual, el Tónal vallisoletano sigue luciendo como evento imprescindible dentro de la programación musical vallisoletana, con sus responsables siempre alerta a la hora de contratar bandas de diversos pelajes y repercusión, pero asegurado interés artístico.

La selección de la que ya era su octava edición recayó en tres artistas de posiciones claramente ascendentes, además de contar como principal novedad con el cambio de ubicación de la sala principal del LAVA a la sensiblemente más pequeña Sala Negra del mismo recinto. La decisión motivó que las entradas terminasen por agotarse, con las bandas sintiéndose más arropadas que en un espacio contiguo que en temporadas anteriores había dejado demasiados espacios vacíos. A cambio se sacrificó inevitablemente calidad de sonido, debido a la escasa altura del techo y una acústica más áspera. En cualquier caso el atractivo del cartel superó cualquier inconveniente logístico, comenzando con la actuación de la jovencísima banda femenina Deers.

Las madrileñas han logrado una poderosa atención con sólo una maqueta y un par de temas publicados, cosechando reseñas en medios como el semanario británico NME y agotando el papel de sus conciertos en París, Ámsterdam o Londres. Lo cierto es que sobre las tablas el cuarteto resulta atractivo, curioso y vistoso, haciendo de sus propias limitaciones una virtud. Su estilo de sabor añejo cercano al de Dum Dum Girls o Best Coast se apuntala sobre pretendida baja fidelidad y toscas maneras interpretativas, en contrapunto a cierta dulzura inherente. Una despreocupación que motiva que sus canciones encandilen de una extraña manera, si bien es innegable la escasez y limitación de su recorrido y ejecución respectivamente. Serán sus próximos pasos los que marcarán la evolución del grupo en uno u otro sentido, hasta determinar si la cosa va en serio o por el contrario queda en mera anécdota.

El gran nombre de la noche era el de los norirlandeses Girl Names, (en la foto) que visitaban la capital castellana inmersos en la gira presentación de su segundo y acertado álbum “New Life” (Tough Love, 13). El grupo liderado por el vocalista y guitarrista Cathal Cully no disimula su propuesta absoluta y únicamente deudora de la faceta más oscura de los 80, con nombres como los de The Cure, Joy Division o Echo & The Bunnymen flotando de manera evidente en sus propias canciones. Unos referentes nada originales, pero que en manos del cuarteto y en base a férrea convicción (el combo se muestra empeñado en manejarse únicamente entre esas coordenadas), terminan por propiciar unos resultando hipnóticos e incluso personales en sus propias cualidades. Y es que, además de ser tremendamente sombrío y devoto, la banda cuenta con excelentes canciones como “Pittura Infamante”, “Hypnotic Regression” o “A Second Skin”, planteadas a lo largo de un concierto siempre intenso e incansablemente creciente en agresividad, hasta alcanzar el impactante final de “New Life”.

La velada se cerraba con el dúo malagueño BSN Posse, que cada vez cuenta con más nombre dentro de circuito de electrónica y que, con su presencia, probaba el talante multi-estilístico del evento. Ofrecer una actuación atrincherado tras un portátil siempre difumina el mérito real de la misma y complica el hecho de emitir un juicio de valor que separe tecnología de aptitud, pero lo que es indudable es el talento compositivo de la dupla formada por Sergio Ruiz (aka Stay Puft) y Enrique Gervilla (aka Broken Lip). Los andaluces conquistaron de manera indiscriminada con sus acertadísimas composiciones, siempre dotadas de músculo y pegada pero a la vez elegantes e insinuantes. Unas cualidades más que apropiadas para el cierre de un acto que, un año más, acertó en la elección de sus protagonistas.

2 comentarios
  1. ¿En serio se sacrificó la calidad de sonido? Yo creo que después del concierto de Girls Names no se puede decir eso. Lo que se sacrificó fue nuestra temperatura corporal, que estábamos achicharraditos todos, jajajajaja

  2. ¡Eso también es verdad! Lo cierto es que (en mi opinión) los sonidos gruesos de Girl Names rebotaban demasiado en la sala. Creo que en la sala grande hubiese sido tremendo. En cualquier caso, creo que queda claro que tampoco fue una circunstancia determinante a la hora de gozarla 😉 Saludos. R.J.

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