Mucho más que un concierto
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Mucho más que un concierto

9 / 10
Sergio Ariza — 31-03-2026
Empresa — Live Nation España S.A.U.
Fecha — 30 marzo, 2026
Sala — Movistar Arena, Madrid
Fotografía — Sharon López (cedidas por la organización)

Lo ha vuelto a hacer. Si uno contemplaba las caras de la gente a la salida del concierto de Rosalía en Madrid, veía caras de éxtasis, como si en vez de un concierto salieran de presenciar una experiencia mística, una especie de misa pagana en la que se les hubiera revelado un secreto desconocido.

Una vez más, Rosalía ha vuelto a reinventar lo que puede ser un concierto pop, con un espectáculo en el que combina ballet, teatro, ópera, night club, pop y danza contemporánea, vamos, el sueño húmedo de Timothée Chalamet. Con varios cambios sobre la gira de "Motomami", como la presencia de una orquesta en medio de la pista, y unos pocos materiales a los que se saca mucho juego, una escalera, una sábana blanca, cajas de cartón, las letras traducidas, Rosalía logra que el espectáculo fluya como una obra más que como un repaso de canciones.

Ese elemento como de obra, permite muy pocas concesiones a la hora de improvisar, el setlist se sigue manteniendo casi imperturbable desde el comienzo de la misma (con la única excepción de que se ha caído "La noche de anoche" del repertorio) y sigue sin encontrar espacio para meter nada de "El Mal Querer", lo cual de no deja de ser una pena.

Pero lo que se pierde en improvisación se gana en la poesía y la artesanía que rezuma un espectáculo que funciona como una obra de precisión y en el que las canciones de “LUX”, y se toca quince de las dieciocho canciones del disco, aparecen casi en el mismo orden que en el disco.

Es curioso ver cómo funcionan las canciones de ese disco lírico e intimista, al lado de algunos de los mayores éxitos de "Motomami" que son otra cosa totalmente, y dan al público y a la artista la posibilidad de desmelenarse ante tanto momento de gravedad operística.

Primer acto
En la previa del concierto Rosalía va metiendo al público en el mundo de "LUX" con una especie de grandes éxitos de la música clásica hasta que las luces se encienden, comienza a sonar el "Angel" de Jimi Hendrix y la orquesta ocupa el centro del escenario. Lo de recurrir al mítico guitarrista zurdo da puntos extra. Entonces la orquesta comienza a afinar, y se abre el escenario desde donde varias personas colocan y destapan una gran caja de madera de la que aparecerá cuál bailarina en una caja de juguete una Rosalía con tutú y zapaillas de ballet.

Desde el mismo momento en el que comienza a cantar "Sexo, violencia y llantas" descubrimos que su voz va a ser la gran protagonista del concierto, demostrando una versatilidad, una profundidad y una riqueza absolutamente increíbles. La primera escenografía gira a medio camino entre "Cisne negro" y Degas, claro que las referencias pictóricas a lo largo de la velada serán continuas, incluyendo un momento en el que al público le tocará imitar las poses de diversos cuadros.

También la propia Rosalía se convertirá en una especie de Rosalía en otro momento, cuando se transforme en una especie de Mona Lisa, con varios fans subidos de la pista transformados en turistas en el Louvre. Pero volvamos a ese primer acto, en una obra dividida en cuatro, con un epílogo final, en el que Rosalía vestida de bailarina canta las canciones más operísticas de "LUX", incluida esa aria pop que es "Mio Cristo piange diamanti" en el que demuestra que el diamante es su propia voz, o ese "Reliquia" que sacó las primeras lágrimas a sus seguidores.

Segundo acto
El segundo acto se abre por todo lo alto con una de sus canciones definitivas, "Berghain", en la que se pasa de la Scala de Milán al templo tecno berlinés, gracias a ese remix que estrenó en los Brit Awards y que funciona a la perfección en el espectáculo pasando de los momentos más tranquilos a las primeras concesiones a "Motomami". Para ello se produce el primer cambio estético con una Rosalía de negro y una escenografía que imita la de las pinturas negras de Goya.

Así, tras el desenfreno de "Berghan", suena ese "Saoko papi, saoko" que despierta la locura en el antiguo Palacio de los Deportes. Para "La fama", el riff principal pasa a ser interpretado por los vientos y Rosalía se la canta entera sin tener que recurrir a la voz de The Weeknd. "La Combi Versace" también lleva el baile a la pista. Para el final del bloque suena un "De Madrugá" que creo que sería la pieza perfecta para meter alguna referencia a "El Mal Querer".

Tercer acto
En el tercer acto sí que le da tiempo a acordarse de su primer disco, el más flamenco, "Los Ángeles", con un "El redentor" que nos dejaba claro que estamos en medio de la Semana Santa, luego la única versión (completa) del concierto, el "Can't Take My Eyes Of You" de Franki Valli, que, seguramente, Rosalía haya cogido por aparecer en el fascinante "The Miseducation Of Lauryn Hill", y en el que, como había dicho, se transforma en pintura viviente.

Luego llega el confesionario con Esty Quesada, mejor conocida como Soy Una Pringada, que desemboca en uno de los momentos más esperados de la noche, ese vals ranchera llamado "La perla" que se ha convertido en la canción más popular de "LUX", con todo merecimiento. El concierto alcanza otro punto de éxtasis casi religioso con su interpretación encima de un piano de "Sauvignon Blanc", seguida por esa preciosidad llamada "La yugular" en la que vuelve a demostrar que su voz, más allá de la técnica, tiene eso tan raro de definir que lo flamencos llaman "duende". Si me dan a elegir, este tercer acto es el culmen del concierto.

Luego viene lo que ha denominado, muy operísticamente, como Intermedio, con la artista yéndose al centro de la pista con la orquesta en la que se canta "Dios es un stalker", "La rumba del perdón" y "CUUUUuuuuuute", No deja de tener su guasa que el momento más tecno del concierto sea con la orquesta y una especie de botafumeiro electrónico volando por encima de las cabezas de los asistentes.

Cuarto acto
El Acto 4 comienza con el Palacio viniéndose casi abajo con los dos momentos más diva pop de Rosalía, "Bizcochito" y "Despechá" que fue la más coreada y la que puso a todo el Palacio en pie, gradas incluidas. La respuesta fue tal que Rosalía se salió un poco de guión para comentar "anda que no os gusta una buena bachata dominicana en Madrid". Es evidente la fuerte conexión que la catalana tiene con la capital.

Para el final del último acto, Rosalía tira de dos de las tres canciones que se quedaron fuera de la versión en streaming de “LUX”, "Novia Robot" y "Focu'ranni", dejando claro que no las considera para nada descartes.

El final, o epilogo, es a lo grande, no en vano es el funeral de la propia artista con "Magnolias", un final por todo lo alto que debería hacer que en próximas fechas la gente vaya equipada con flores y llene el escenario de las mismas. Al final las gigantescas puertas del escenario se cierran tras ella y termina un concierto que es mucho más que un concierto y que vuelve a dejar claro que Rosalía se toma tan en serio lo de preparar una gira como lo de hacer un disco.

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