En más de una ocasión ya hemos comentado que si acudes una vez a este festival, es muy difícil no volver a hacerlo cada año. El enclave donde se desarrolla, ese escenario flotando en el agua, su programación, sus actividades paralelas, etc, etc, contribuyen a que sea siempre especial. Así que aunque sólo fueran dos días, de los dieciocho que duró este año, no pudimos resistirnos a la tentación. Cada año el festival tiene un eje sobre el cual giran los artistas que acuden, en está ocasión era la celebración del Bicentenario de las Independencias de Latinoamérica. Esa “excusa” ha servido para que, entre muchos otros, actuaran en Pirineos Sur desde los legendarios León Giego, Fito Paez o Toto La Momposina a Los Amigos Invisibles, Aterciopelados, La 33 o Novalima. Hay que decir también que el festival tiene un interesante programa de colaboración con diferentes entidades que les permite emprender trabajos de producción, en este caso entre artistas de Aragón y Marruecos. Pero vayamos a ese último fin de semana que pudimos disfrutar. Curiosamente con una programación que tuvo poco de Latinoamérica porque los puertorriqueños Calle13 cayeron del cartel y fueron sustituidos por La Mala, que no es del tipo de artistas que normalmente se pueden ver en este festival. Sea como fuere, la jerezana no acabó de conectar con la concurrencia, no sabemos si por el frío que hacia, o por el frío con el que a veces se dirige al público. Quizá aún le falta compenetrarse mejor con esa eficiente banda que ahora le acompaña, porque las canciones son buenas, ella le pone mucho desparpajo, pero le falta llegar a esa complicidad necesaria para que todo funcione. Antes de ella los aragoneses Willy Giménez y Chanela calentaron el ambiente con sus rumbas latinas. Con decir que hasta hicieron un bis con el “Volando Voy” ya se explica su éxito y sus raíces. El día siguiente, el penúltimo del festival, estuvo consagrado a la figura del maliense Ali Farka Touré. Quien mejor para iniciar ese homenaje que Afel Bocoum, su sobrino, heredero musical directo y que acompañó al maestro durante años. Su blues del desierto sonó impecable encima de las aguas del pantano de Lanuza. Él y su banda Alkibar mecieron al numeroso público con su embriagadora música. Pero es que después de ese regalo para los oídos, le tocó el turno al gran Toumani Diabate. El genio de la kora, actuó acompañado de una banda especial para la ocasión y tocó temas que compuso junto a Ali Farka y algunos de los mejores de su larga carrera. Hubo de todo, momentos para el baile o para la magia e incluso Afel se unió en alguna canción a Toumani y su banda. Su música consiguió penetrar por esos poros cerrados por el frío. Casi al fin y ya en el bis se quedó sólo con su kora y fue un momento de tal belleza, que vimos a más de uno y una soltando lagrimas, no sabemos si por lo especial del momento, porque marcaba el cierre del festival en Lanuza o por las dos cosas juntas. Ahora lo que toca es esperar el inicio de ese 20 aniversario que promete sorpresas.
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